Inicio Columnas Opinión | El apocalipsis es ahora / David Lara Catalán

Opinión | El apocalipsis es ahora / David Lara Catalán

Compartir
"La virgen del apocalipsis", de Miguel Cabrera

Por David Lara Catalán

Dentro de la perspectiva de la cultura occidental ha prosperado la idea del Apocalipsis de tal forma que, en cada evento cargado de calamidades, se le observa una señal del fin de los tiempos. Cobijados en este imaginario nos han transcurrido más de dos mil años. Sin embargo, la promesa de redención, en tanto ese gran encuentro con el creador, posterior a las calamidades, ha quedado pospuesta para mejor ocasión.

El tema del fin de los tiempos ha sido una manera de mantener, por una parte, miedo y control y, por otra, esperanza respecto a un mundo mejor; pero sobre todo, ha permeado el olvido con el que se envuelve nuestra realidad.

El aquí y el ahora

Al ser este tiempo y este espacio solo de tránsito, se nos olvida la importancia del aquí y el ahora, una gran cantidad de personas se han pasado la vida pensando en el allá y el después.

Pero, ¿cuántas veces hemos rebasado al Apocalipsis como tópico inherente a la idea del fin de los tiempos? Han sido tantas que bien se puede expresar que esto ha devenido en la era del post, post, post Apocalipsis. Sin embargo, lo que quisiera dejar claro en estas líneas es que, en realidad, habría que tomar de modo más literal el significado de Apocalipsis y dejar de lado esa visión catastrófica de la cual se hace acompañar.

Así, sin más, Apocalipsis es un término de origen griego y significa revelación. Desde esta perspectiva, entonces, podríamos entenderlo como un ejercicio de escudriñar e interpretar los signos de los tiempos y revelarlos, es decir, ponerlos en claro.

No se trata de asegurar que lo que hay por revelar estuviera muy oculto. No, de ninguna manera. Lo hemos sabido y nos hemos lamentado de ello, también habría que reconocer que hemos sido indiferentes y sacudido los hombros en actitud de “pero qué le vamos a hacer”. Me refiero a las formas de vida que de modo cotidiano desarrollamos y que llevan una carga de necedad, superstición, mesianismo, ignorancia, ceguera intelectual y miopía moral, supuesta necesidad económica y que, en conjunto, recrean mecanismos que pauperizan la experiencia humana en amplio sentido.

Indiferencia / Foto: Jerzy Górecki

Nuestro pequeño mundo

Solo por citar un ejemplo, me gustaría señalar esa actitud que tenemos para deshacer todo lo que contradice nuestra visión del pequeño mundo en que vivimos, de tal modo que acabamos inmersos en pleitos sin siquiera saber las razones del mismo. No falta quien diga como para justificar la ineficiencia personal o gubernamental: “pero si antes era peor y no se quejaban” o “pero es que así hemos sido siempre”.

Lo cual no es más que un ejemplo de la moralidad infantil que se padece en adultos e incluso muy adultos, algunos hasta con grados académicos.

Por ello, nuestro Apocalipsis, es decir, nuestro momento de gran revelación requiere de ponderar la necesidad de un pensamiento crítico y creativo.

Ejercicio revelador

Un pensamiento que desestime la flojera mental, la pereza que genera estados de inmadurez que se recargan en frases como: “no lo sabía”, “no es mi responsabilidad”.

Un pensamiento que de modo radical le de vuelta a temas como la superstición y el mesianismo y pondere la acción humana responsable como punta de lanza de lo que hacemos en lo individual y colectivo.

La coyuntura que vivimos requiere de un ejercicio revelador e importante respecto a la existencia humana, no desde una visión catastrófica o cargada de miedo, sino desde una visión que nos invite a deshacernos de esa idea fácil de suponer que las problemáticas se han de solucionar de modo mágico o supersticioso o, peor aún, apelando al mesianismo.

Un mesianismo que, nos guste o no, está incrustado de modo radical en nuestro imaginario. Desde luego no falta, en un océano de ignorancia, quien se asuma como el Mesías.

 

*****

David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Recibo con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com

 

Columna anterior:

Opinión | Gobernantes desvergonzados, ciudadanos ídem / David Lara Catalán