
Se trata de una historia “de la vida real”, como suele bromearse para referirse a un hecho de la vida cotidiana y comprobable, contundente. Un deportista (tenista para ser más precisos) acude un día a un “doctor de farmacia” para atenderse una pequeña molestia en el pecho, una especie de hormigueo. Un dolorcito.
El médico concluye rápidamente que nada puede hacer por él. Le sugiere ir a un hospital. Ese fue el diagnostico rápido. Va de inmediato a la Cruz Roja donde le dicen, también, que nada pueden hacer por él.
Desesperanzado, tendido en la camilla, escucha que lo calman y le piden que se quede tranquilo, que no se preocupe: la ambulancia está lista para llevarlo al Hospital General. Tardan menos de 10 minutos en llevarlo y allí concluyen que sus arterias están tapadas en tres canalitos, fundamentales para el corazón.
Antes suponía esto una cirugía que dejaba una marca en el pecho de por vida, como una especie de cicatriz con forma de cierre extragrande.
No. La tecnología del Hospital General permitió que un catéter ingresara por una vena del brazo, hiciera su largo recorrido para, finalmente, destapar lo que estaba obstruido. Con ello, se traduce que hay otra realidad médica en Quintana Roo, de la mano de la gobernadora Mara Lezama y de su más efectivo secretario de estado, Flavio Rosado. Hombre silente y de pocos reflectores pero que sabe trabajar, dar resultados y no necesita salir en la foto, dar toures gastronómicos ni culinarios para obtener likes. Simplemente trabaja.
Hizo posible que Quintana Roo sea el estado 23 en ingresar al IMSS Bienestar y que los laboratorios pasen, del lugar diez nacional, al cuatro.
El titular, exdelegado del Imss y del DIF se mantiene en plena comunicacion con la agenda y titulares nacionales y sabe, perfectamente, lo que hace.
Logró que más de 140 personas que no estaban basificadas tengan hoy seguridad laboral. No menos importantes son las Caravanas médicas móviles, las campañas de vacunación (vigentes) y las cirugías oculares. Trabaja el hombre. Necesitamos más Flavios.