En entrevista para Grupo Pirámide, en la nueva sección DEC, el empresario y político lanza un mensaje a los jóvenes: “Hay que ir hacia adelante y perseverar en lo que uno sueña, y, aunque que te digan que no puedes, tú lucha”, expresó.

 

 

Por Luciano Núñez

Jorge Portilla Mánica (empresario y político tulumnense) estudió Ingeniería Industrial y de Sistemas en Boston, Massachussets, Estados Unidos, y revalidó sus estudios en México apenas terminó la carrera. Siguió los pasos de su padre en el ámbito empresarial (aunque su papá César era médico de profesión) y se dedicó a la construcción; desde hace unos años se lanzó a las profundas aguas del ámbito político, en el que ha tenidos diversos cargos, entre ellos y el último, como secretario general del ayuntamiento de Tulum. A pocos metros de un cenote de increíble belleza enclavado en el onceavo municipio, ofreció una entrevista a DEC, nuevo espacio digital-visual de Grupo Pirámide.

¿Cómo llegan los Portilla Mánica a Tulum?
Mis padres (César Portilla Rosado y Lydia Esther Mánica) eran personas muy visionarias, sobre todo mi padre, quien era médico y se ocupaba de los negocios. Él tenía una especie de aerolínea de avionetas, que se llamaba Taxis Aéreos del Sureste. Él volaba mucho sobre esta zona y en eso llega un día a Tulum. No había carretera, tan sólo una pista de terracería para aterrizar, en los años setenta. Le gustó el lugar y lo vislumbró hacia el futuro. Regresó al estado de Tabasco, donde teníamos nuestro hogar y, al cabo de un tiempo, le dice un amigo que los propietarios del predio que le gustó en Tulum lo estaban vendiendo. Entonces, mi papá localizó a los dueños e hicieron el contrato de compra-venta en el año de 1971.
Llega un día mi padre a la casa y nos dice: “Los voy a invitar a un rancho que compré.” Nosotros creímos que iríamos cerca y no. Agarramos carretera y llegamos a Tulum después de más de doce horas de camino. La carretera llegaba hasta Felipe Carrillo Puerto y de ahí para acá era terracería. Llegamos a Tulum después de haber conocido las playas del Golfo de México, que son totalmente distintas a estas playas de arenas blancas donde no te quemas los pies. Dijimos: “De aquí somos.” Yo tenía ocho o nueve años de edad.

De la iniciativa privada a la política

¿Cómo una persona exitosa, en los ámbitos empresariales y privados, se decide a dar el paso hacia la política?
Me meto a la política por el cariño que le tengo a Tulum. Me invitan a participar en política y participando empiezo a ver las carencias que hay en el municipio y cómo la política puede ser una herramienta importante para poder cumplirle a mucha gente. Había muchas necesidades. Fui presidente de la Asociación de Hoteleros de Tulum, estuve desde la ciudadanía en el ámbito de la seguridad pública y también en la Procuraduría General de Justicia.
Me invitaron a ser parte de la Mesa Directiva de la Universidad de Quintana Roo, donde tuve el gusto de estar con el abogado Salvador Terrazas. Luego me invitan a ser secretario general en el ayuntamiento. También fui director general de Turismo, estuve la Dirección General de Planeación y en la Dirección General de Desarrollo Urbano. Igualmente, fui secretario de Infraestructura y Transporte. Dese esos cargos, uno busca lo mejor para nuestro querido municipio.

¿Qué hace los fines de semana en Tulum?
Después del trabajo en mis empresas de lunes a viernes, los fines de semana mi familia y yo vamos a la playa, degustamos la gastronomía en algún restaurant, snorkeleamos en los cenotes. A veces, me invitan algunos amigos a alguna convivencia en la Zona Maya. Tulum es otro mundo, maravilloso, que me cautivó desde niño.

¿Por qué te dicen “El Inge”?

Soy ingeniero industrial y de sistemas. Inicié mi carrera en Boston, Estados Unidos, revalidé el título en México. Cuando era niño, jugaba a construir casas de madera y cartón, donde nos escondíamos. Podía haber estudiado medicina, como mi padre, pero me pareció una carrera muy larga. Para entonces, mi padre se dedicó a desarrollar fraccionamientos y yo me involucré mucho en esos proyectos: maquinaria, movimiento de tierra, carpintería, aluminio, vidrio, herrería, electricidad. Mi padre fundó unos talleres-escuelas en el estado de Tabasco y los empleados, unos muchachos humildes, además de producir, aprendían oficios. Mi padre hizo todo eso de corazón y eso es lo que me transmitió.

«Toda mi vida había hecho política…”

¿Qué es hacer política?
Yo no sabía que hacer política era apoyar y ayudar. Entonces, cuando Tulum empieza a crecer y siendo yo uno de los pioneros en materia empresarial, veo que las escuelas buscaban apoyo para hacer las bardas, los rellenos… y me fui involucrando en eso. Luego, cuando entro de lleno en la política, me di cuenta de que toda mi vida había hecho política.

¿Sabes cocinar?
Me fui chavo a estudiar en los Estados Unidos, donde vivía solo, y tuve que aprender a prepararme los alimentos. Aprendí a hacer los frijoles, los filetes con tomate y cebolla, las picadas, el huevo con jamón y tocino… Yo me meto a la cocina, agarro de lo que haya y puedo lograr algún platillo exquisito. El espagueti, por decir algo, lo preparo con aceite de olivo, ajo, sal, limón, pimienta… También me gustaba hacer las famosas fritangas: tortillas sofritas con frijoles refritos, jamón y huevo estrellado. No soy un experto en la cocina, pero si me meto, sale algo.

Evolución de Tulum

¿Cómo ha sido la evolución del municipio de Tulum?
Tulum comienza a evolucionar con un sistema turístico diferente al que se estaba generando en Cancún y Playa del Carmen. Se empieza con unos hoteles muy pequeños, de unas ocho cabañas, que eran atendidos por sus propietarios con el plan europeo: los huéspedes comían fuera y dormían de noche en las cabañas. Esto genera un mercado más familiar y comienzan a venir turistas de la zona este de Estados Unidos, así como modelos a tomarse sus fotos de pasarela e inicia el auge de Tulum en el Fashions.
Por otra parte, la ciudad fue creciendo de acuerdo con las necesidades que se iban dando, sin un plan de desarrollo, sin una programación, sin una proyección, que es lo que hay que cambiar hoy en día. Anteriormente, eran terrenos ejidales que se vendían sin ninguna regulación. Hubo gente que compró entonces y ahora revende esos terrenos a precios muy elevados y se está sobre densificando Tulum.

¿La autoridad debe intervenir en ese desorden constructivo?
Son áreas que se dieron por la falta de atención hacia la necesidad de vivienda que había aquí. Los gobiernos tendrán que buscar la forma de cómo regularizar para poder meter los servicios e impedir que se contamine el manto freático, el subsuelo. En Tulum, contamos con los dos sistemas de ríos subterráneos más grandes del mundo. Es una reserva de agua dulce muy importante no sólo para México, sino también para el mundo. Entonces sí requerimos que los gobiernos hagan esa infraestructura sanitaria.

“No claudiquen”

¿Qué mensajes envías a los lectores de esta entrevista?
Todos, desde niños, tenemos algún sueño. Queremos ser grandes. No hay que cuartarnos las alas. Hay que ir hacia adelante y perseverar en lo que uno sueña, y, aunque que te digan que no puedes, tú lucha. Hay que aprovechar todos los espacios para poder crecer. No claudiquen, fíjense una meta porque a esa meta llegarán.

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