
Como Kassim, el hermano al que la avaricia lo cegó y se queda con un tesoro que no le pertenece, los ex funcionarios descubrieron que con el estado podían hacer negocios particulares, grandes fortunas, disponer de lo que es de todos para hacerse de un lugar en este mundo, donde pareciera que hay que tener para ser.
Las Sacerdotisas Mayas aplauden -como aplauden a Ricardo Arjona-, el avance de la justicia contra quienes, no sólo malversaron los recursos del estado, sino que dieron una distorsionada señal a la ciudadanía: que no había castigo, que se podía robar y ser exitoso; pero en cambio, el peso de la justicia cae, y por lo que han visto en sus visiones las mujeres, seguirá cayendo el brazo de la ley. Porque en ese afan descarado, muchos ya hasta se veían como candidatos y operaban estructuras con dinero de la cueva, allí donde descubrieron que se podía pasar con sólo decir: Abrete Sésamo; o en una cómoda silla fimar un documento para robar. El Oráculo Maya ha hablado.