La creación arquitectónica supone un fuerte compromiso con la experiencia humana. Ahora más cercana al estudio de las humanidades celebro este premio Pritsker 2021, que atiende a resolver un tipo de arquitectura austera que se acerca al hombre como principal sustancia para la solución de los espacios contenidos en cada una de las edificaciones que decidieron transformar, respetando las preexistencias que dan fe a una historia humana y existencial.
Me refiero a los internacionales Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal quienes han ocupado su experiencia y conocimiento para desarrollar un tipo de arquitectura con un quehacer democrático que va más allá de buscar una imperiosa forma estética para, en cambio, encontrar en su arquitectura restauradora espacios que atienden a la recepción estética del habitante.
Sus soluciones espaciales dan fe de porque el acto creativo de la arquitectura ocurre, en principio, de adentro hacia afuera. Un valioso compromiso que distingue la trayectoria de Anne y Philippe quienes además a este tipo de arquitectura social “ecológicamente receptiva” le agregan a la vez tecnología e innovación.
Fundadores de su dupla arquitectónica su genialidad en conjunto inicia en el año de 1987, desde entonces han contribuido con la proyección y obra arquitectónica que toma los espacios y edificaciones de segunda mano para revitalizarlos.
Arquitectura más humanista
Celebro con entusiasmo que se premie a la arquitectura, que tiene como misión de modernidad una filosofía humanista que se alinea al encuentro de mejorar la calidad de vida del habitante que no puede vivir con lujos porque alejado de la suntuosidad su realidad los acerca a respuestas que buscan la revitalización que trabaja con la naturaleza.
El proyecto arquitectónico de los Arquitectos Anne y Philippe responde desde la ontología del espacio y desde la óntica del habitante para dar un sentido espacial a los lugares que son olvidados o devaluados por otros. Estos, son evaluados por ellos con una mira distinta más metafísica pero también atendiendo la inteligencia dada en el espacio a través de los materiales y de las prioridades humanas.
Hay una congruencia entre el quehacer y el hacer arquitectónico resultando una evidente respuesta simbiótica que unifica estética y ética, verdades del diseño humanizado cuya responsabilidad social es inobjetable.
Haber sido ganadores del premio más aclamado para el ámbito de la arquitectura; el premio Pritsker otorgado a Anne y Philippe es un manifiesto de la urgente necesidad de tomar este mensaje como una corriente que debe preponderar hoy para las nuevas formas de comprender el espacio y sus atmosferas; de comprender al habitante alejado del derecho a la arquitectura para sus espacios personales; de comprender las fenomenologías que delinean las nuevas formas de habitar del siglo presente.
Flexible y funcional
Una propuesta generosa es la que Anne y Philippe ponen en la mesa de trabajo, tan solo en la recuperada “Casa Latapie” (1993). La funcionalidad de la vocación de la casa se da en plantas libres en cuyo interior la habitabilidad se acondiciona a la variabilidad de la naturaleza y a la de sus habitantes; creando un espacio flexible y funcional que no sujeta al ser a la monotonía de la permanencia experiencial y sí, en cambio toma en cuenta como partido arquitectónico las propias preexistencias, sin menos cabo de transformarlas con la firme convicción de su reutilización para un bien común con el ser humano, la naturaleza y un mundo desgastado de consumismo innecesario en la habitabilidad de lujo.
Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal han sido evaluados por los reconocidos arquitectos (galardonados también): Alejandro Aravena, Presidente, Deborah Berke, Stephen Breyer, Barry Bergdoll, André Aranha Corrêa do Lago, Wang Shu, Kazuyo Sejima, Benedetta Tagliabue y Martha Thorne, académica, curadora, editora y autora de arquitectura estadounidense, Directora Ejecutiva del Premio Pritzker de Arquitectura que deja su encargo a la Doctora en historia de la Arquitectura Manuela Lucá-Dazio.
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