Home Columnas Opinión | JOKER y la enfermedad mental de nuestra época

    Opinión | JOKER y la enfermedad mental de nuestra época


     

     

    David Lara Catalán

     

    He visto la película Joker y me ha generado una sensación de inquietud e incomodidad. Incomodidad porque me parece que la película describe un mundo que vivimos y que, cada vez más, evidencia su profundo nivel de oscuridad humana. Y de inquietud: porque la pregunta que me dejó es: ¿hay algo del Joker en cada uno de nosotros?

    Ya Arthur Fleck, personaje de la película, señala: ¿Sabes quién es el Joker? Son todos. No busco hablar de si es una gran producción cinematográfica o si Joaquín Phoenix hace un papel magistral o no, aunque a mí me parece que su actuación es excelente.

    Tampoco se trata de comparar las varias versiones de este personaje polémico en varios sentidos. Sólo he de decir que he visto esta película y que me parece que suscita tantas cuestiones para discutir y reflexionar, incluso, para hacer posible, si fuera el caso, una cierta sensibilización acerca de quiénes somos realmente.

    Quién es el hombre

    Con esto de “somos” me refiero a lo que llamamos seres humanos. Tal vez esta reflexión pudiera implicar aquellas cuestiones kantianas acerca de quién es el hombre, qué puede saber, qué debe hacer y qué le cabe esperar.

    El cine, como la literatura o la música, tienen a su favor que pueden coadyuvar en la conformación de una sensibilidad que, a veces, la academia no genera. Tocan estas manifestaciones artísticas nuestras fibras más sensibles a tal grado que son bastante ilustrativas y orientan nuevas formas de entender y experimentar el mundo en que vivimos. Ojalá Joker sea una buena oportunidad para ello.

    Esta versión de Joker, del director Todd Phillips, empieza con la recreación de un problema que es rasgo característico de nuestro mundo global, ya sea de las grandes urbes, así como también de las pequeñas ciudades, desde Nueva York hasta Chetumal: la basura.

    No estoy seguro de si es sólo un problema literal de la basura que hay en las calles o si también conecta con la basura que como individuos traemos dentro de nuestros cerebros. Después del tema de la basura viene casi como consecuencia lógica otro enorme problema: la violencia que se vive por doquier. Una violencia que se ilustra desde diversos enfoques, y que van desde lo físico hasta lo moral y desde la niñez o juventud hasta los adultos. Dice Arthur Fleck, el Joker, “is it just me, or is it getting crazier out there?” (“Soy yo, o se están volviendo más locos afuera”).

    Y así la cinta va permeando diversos escenarios que van desde lo gubernamental, los recortes presupuestales y la ineficiencia en el manejo de los programas sociales, hasta las cuestiones más de corte psicológico, con un manto de cierta burla y desdén por los otros, así también con un fuerte énfasis de que importa nada la vida de los demás.

    Total indiferencia

    Válgaseme decirlo que esta podría ser la “enfermedad mental” de nuestra época y quién sabe de cuántas épocas más, es decir, nuestra total indiferencia y, por qué no, también la gran perversidad en la relación con nuestros queridos seres humanos. En su diario, Arthur Fleck dice: “La peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”.

    Es tal vez ese “comportamiento esperado” y que busca anteponerse a la enfermedad mental el que, justamente, le da fuerza al papel del Joker, el bromista.

    Es decir, a través de esa caracterización, el Joker parece evadir el mundo perverso y doloso en el que vivimos, ya que a través de la broma encuentra su posibilidad de subsistencia. Vuelvo a Arthur Fleck: “Mi madre siempre me decía que sonría y ponga una cara feliz. Ella me dijo que tenía un propósito: traer risas y alegrías al mundo”.

    Es posible que sólo así sea posible que no sólo el Joker, sino incluso nosotros, nos compliquemos menos nuestra existencia en un mundo en donde la burla hacia todos es la constante. Una constante bidireccional: de nosotros hacia los demás y de los demás hacia nosotros. Nadie está exento.

    Casi al final de la película dice el Joker (aviso hay spoiler), palabras más o menos, a Murray Franklin (Robert de Niro, a talk show host), “me invitaste a tu show porque te querías burlar de mi” para acto seguido matarlo en su propio escenario. Aunque la frase fue dicha con anterioridad, el momento amerita rescatar lo dicho por Arthur Fleck: “Solía pensar que mi vida era una tragedia, pero ahora me doy cuenta de que es una comedia”. Comienza ahí su victoria emocional.

    “I'll wait in this place where the sun never shines
    
    Wait in this place where the shadows run from themselves.
     “White room” de Eric Clapton.

     

    1. D. Los medicamentos para controlar hipertensión, diabetes, cáncer, VIH, son las que faltan en las instituciones de salud pública debido a problemas de salud, distribución, ineficiencia administrativa, e incluso corrupción. (Forbes. 15 de octubre de 2019)

     

    *****

    David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

    Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

    Recibo con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com

    Artículo anterior…

    Opinión | Abel y Caín: La envidia, el celo y el rencor: alimento cotidiano para las multitudes

    Salir de la versión móvil