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Opinión | Inteligencia artificial en el aula: ¿prohibirla o aprender a integrarla? | Héctor Fernando Gómez García


Por Dr. Héctor Fernando Gómez García

Hace apenas un par de meses, una noticia sorprendió a la sociedad mexicana. Por primera vez en su historia, el examen de admisión a la Universidad Nacional Autónoma de México se aplicó en línea, y el análisis de los resultados puso en evidencia un aumento atípico en las calificaciones.

Al mismo tiempo que las autoridades universitarias identificaban diversas irregularidades, como la venta de servicios fraudulentos para presentar el examen, en las redes sociales aparecían publicaciones de jóvenes que describían cómo habían empleado herramientas de inteligencia artificial, como ChatGPT, Claude o Gemini, para responderlo. Paradójicamente, mientras algunos aspirantes empleaban inteligencia artificial para infringir las reglas, la plataforma utilizada por la UNAM también recurría a ella para vigilar su cumplimiento.

Lo ocurrido con el examen de admisión de la UNAM pone en evidencia un fenómeno cada vez más frecuente en el ámbito académico. Algunos estudiantes recurren a herramientas de inteligencia artificial para resolver exámenes, elaborar trabajos o responder actividades, desperdiciando con ello la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos y habilidades. Ante este panorama, resulta comprensible que algunas instituciones y docentes consideren prohibir o limitar el uso de estas herramientas en el aula.

Responder únicamente mediante la prohibición o el control, sin embargo, puede resultar costoso y tardío. El caso de la UNAM lo ilustra: ante las irregularidades detectadas, fue necesario aplicar un examen presencial para verificar los resultados obtenidos en línea.

Además, concentrar los esfuerzos en mantener esta tecnología fuera de las aulas puede llevarnos a renunciar a una herramienta prometedora. Pensemos, por ejemplo, en los tutores virtuales inteligentes: sistemas que buscan resolver dudas de forma continua las 24 horas, adaptar las explicaciones al ritmo individual de cada estudiante y ofrecer retroalimentación inmediata y personalizada. Si gastamos nuestra energía intentando alejar a los estudiantes de esta tecnología, perderemos la oportunidad de descubrir qué podrían lograr con ella.

El verdadero desafío educativo no consiste en prohibir la inteligencia artificial, sino en aprender a integrarla de manera informada, crítica, ética y responsable. Esto exige transformar las prácticas docentes, replantear las estrategias de evaluación y enseñar a los estudiantes a utilizar estas herramientas sin renunciar al razonamiento, la creatividad y la responsabilidad sobre su propio aprendizaje.

Una integración responsable exige, además, evaluar sus resultados. Cada iniciativa debe documentarse y someterse a un seguimiento sistemático. Los datos obtenidos en las aulas permitirán generar evidencia para valorar sus efectos sobre el aprendizaje, identificar posibles riesgos y orientar futuras decisiones académicas. La inteligencia artificial promete ampliar las capacidades humanas, pero su valor educativo dependerá, en última instancia, del propósito y el criterio con los que decidamos utilizarla.

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El Dr. Héctor Fernando Gómez García es Profesor-Investigador del Departamento de Ciencias Básicas e Ingenierías, en la Universidad del Caribe.

 

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