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    Opinión I El Engaño I Alter Ego I Isabel Rodríguez


    Por años y años, las ideologías han inclinado el pensamiento -de quienes se dejan-, hacia una u otra en materia de política.

    En general, la lucha se centra entre capitalismo versus socialismo. Los debates y rasgaduras de vestiduras se muestran en uno y otro sentido.

    El objetivo es controlar de una u otra forma, pero al final, existe una deshumanización que arrasa sin piedad.

    Los homo sapiens – se supone -, tenemos valores morales positivos, que se intuye guían la conducta hacia mejores relaciones en la comunidad. Se presume que la idea es formar algo mejor, estable y que brinde bienestar a la humanidad en general, sin embargo, lo cierto es que nunca ha sido así y jamás lo será.

    El engaño estriba entonces, en buscar un bienestar a costa de cualquier cosa, sin importar emociones, sufrimientos o desigualdades.

    Si bien es cierto que hay países que procuran por sus habitantes, no podemos generalizar, pues sí hay quienes buscan brindar la tranquilidad de que casi todos tengan lo necesario para vivir y sean felices pero en general es una falacia ya que el concepto de felicidad, hoy en día depende de lo que en su momento Fromm expresó en su libro, ¿Tener o Ser?.

    El deseo desenfrenado por poseer y tener, se ha convertido en el motor qué lleva a odiar a los que se dicen ser socialistas o de izquierda o sencillamente, a los que se opongan a un dominio. Se considera una afrenta el apoyo a quienes sufren o padecen, ya sea por ser huérfanos, discapacitados o viudas, o una vergüenza el brindar un soporte temporal a quienes estudian y peor aún, aumentar la base económica a quienes ya ni trabajan para la sociedad y entonces se consideran de nula producción, y que decir de una inversión en infraestructura para beneficiar a las masas: mala, carente, inapropiada, escueta, inútil, tosca y sinónimo de derroche banal.

    El reparto sin valores éticos y únicamente valores morales implica: lo mío es mío, lo de ellos, es mío y lo que será, mío será.

    En éstos – de forma individual o grupal-, , imperan el egoísmo, la avaricia, la deshonestidad, la injusticia, lo irrespetuoso, la intolerancia, la arrogancia y el individualismo, y la sociedad está completamente permeada de estos últimos a pesar de que lo nieguen -qué es propio de quién vive inserto en ideologías radicales del capitalismo -.

    China nos brinda un ejemplo de economía mixta que ha permitido que sus más de mil millones de habitantes vivan de cierta manera benéfica. Sus ciudades en general son desarrolladas y observarlas hace pensar: ¿Son capitalistas? o ¿A qué apuestan? Y la clave está en que no se ha encapsulado ni le han podido encapsular (ejemplo Cuba), para detenerle en un desarrollo más equilibrado.
    Quiénes viven del capitalismo siniestro bien podrían examinar si tienen vivienda propia, si el sistema les ha permitido adquirir y tener un patrimonio o si penosamente, solo tienen un coche último modelo a la puerta, con deudas crediticias y fantasías de un estatus quo irreal.

    Coadyuvar a que otros mejoren su nivel de calidad de vida, resulta un valor más ético y que pocos tienen. Los países, los individuos, que buscan ventajas de forma igualitaria en su sociedad, sencillamente son humanistas.

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