Lejos de mostrar unidad, reinó el divisionismo y narrativas erráticas tras la contienda del partido.

En la quinta temporada de la serie Yellostone, protagonizada por Kevin Costner, el personaje se hace candidato a gobernador, orillado por la vicisitudes de su rancho.
Vive el proceso a su estilo: un hombre de campo, un cowboy hecho a la antigua y su discurso hace clic con el electorado. Llegan las elecciones y gana. Lo importante no es ganar, sino cómo el perdedor enfrenta la derrota. En este caso de ficción, el adversario Scott McMullin llama por teléfono a John Dutton para acordar un discurso; minutos después lo hace público y todos felices. “Vamos a apoyar al gobernador, pero también vamos a ser vigilantes”, dijo. No hay mucho más que decir en un discurso de altura. En las elecciones de Chile, en diciembre de 2025, apelando a una tradición demócrata, Jeannette Jara felicitó al ganador, José Antonio Kast, de corte de derecha, aún con lo acalorada que fue discusión política durante el proceso.
En casa
En Quintana Roo atravesamos una cruenta interna en Morena para saber quién coordinaría a la 4T, es decir, quién sería candidato/a a gobernador/a. Días atrás la incógnita se reveló y fue electo Eugenio “Gino” Segura, senador con licencia.
¿Qué se esperaba de las y los perdedores? En un discurso democrático, de altura, de modales incluso, si se quiere, lo que cabía era felicitar al ganador, desde luego, esperando que si a él las fuerzas políticas y vivas del Estado lo acompañan, a todos nos irá mejor. Hacer política es básicamente hacer acuerdos para vivir como una sociedad organizada. Sin embargo, lo que aconteció en lo público dista mucho de lo deseado, acaso del “deber ser” en la arena política.
Caso por caso
Ana Paty Peralta desde el inicio decidió hacer mancuerna con Gino. Hicieron recorridos juntos y se presentaron a las asambleas de Morena, como un solo bloque. Por el otro lado, algo que también se dijo desde este espacio, Rafa Marín Mollinedo y Marybel Villegas Canché, ex titular de Aduanas y diputada federal, optaron por mantenerse unidos en lo discursivo, más nunca se los vio caminar en mancuerna. Una alianza de verbo mas no de sustantivo. Volviendo a Ana Paty: ella decidió llamar a la unión y felicitar al ganador a través de sus redes sociales, que ha manejado mejor que todos los candidatos. Primera en las encuestas en cuanto a las dos mujeres, mostró tacto en tierra y en lo político y público. Excelente manejo integral de su figura.
Rafa Marín Mollinedo pudo extraer más de su rol de fundador, pero sobre todo, de actor disonante en esta contienda. Pudo apelar a un discurso acaso más incisivo, aún en contra de la convocatoria, pero no se animó a estirar la liga, a saltar la barda. Su tránsito apeló, únicamente, a su historia fundacional y se integró con grupos que, aún dentro del movimiento, se desplazaron a una “oposición” interna, y otros, que se sienten literalmente desplazados. Pudo ser discursivamente un aspirante a la candidatura “rebelde” pero se quedó en el llano. El desajuste discursivo vino después. Cuando anunciaron a Gino optó por el vacío comunicacional, al menos no lo hizo en sus redes y apariciones públicas. Primeramente dijo que se iría a sus negocios, luego, que tenía fuerza política (que se entendió como una amenaza) y después, que no se iría de Morena. Recién ayer aceptó los resultados e hizo un llamado, “a trabajar en la unidad para disputar los consensos y candidaturas en las coordinaciones distritales y municipales del estado”, expresó.
Si volvemos al personaje de ficción de Yellostone, el manual manda que debe prevalecer la caballerosidad, el respeto al resultado y la convicción de que seguirá caminando en la senda política, por lo cual, no deja de ser un factor importante. Desde luego que tendrá un espacio político, porque ha decido representar a un grupo importante dentro del movimiento, que no puede ser desatendido ni ignorado.
Premio de consolación
Finalmente, Marybel Villegas quedó en cuarto lugar en las encuestas y daba la sensación de que sólo participaba por el premio consolación. Sabe que, como es su historia política, “algo le tocará”, como lo ha hecho en todas las fuerzas políticas en las que ha militado, y que no han sido pocas. En muchos de sus eventos se vistió de pantalones azules y camisa blanca, lo cual, tiene un significado en la semiótica política. Discursivamente durante la campaña tampoco apeló a su rol de “opositora”, menos aún, participó en saludar al ganador: todo lo contrario, dijo que todavía no había candidato en Quintana Roo, cuando es sabido que quien coordina en cada Estado, es un hecho que será quien obtenga la candidatura.
Transpirar la camiseta
El ganador hizo la campaña en todo el estado. Ponderó la gestión no sólo de Mara Lezama, sino de Claudia Sheinbaum. Caminó, hizo gestiones, hizo alianzas, como se dice en el fútbol, transpiró la camiseta para lograr posicionarse en el primer lugar de las encuestas y, además, lograr que la mesa política de la Ciudad de México logre un consenso para que sea el coordinador del movimiento que, es casi un hecho, ganará las elecciones en 2027.
Ahora el reto es lograr la unidad, la cohesión y hacer realidad la tan famosa frase “operación cicatriz”, que todavía no se ve cercana. Menos cuando los discursos no ayudan y lo errático se impone a lo que debería ser más simple. Todos sabemos que en política el derrotado no está en condiciones de imponer ni de pedir, menos aún en un movimiento en el que, sea dicho, cualquiera puede ganar teniendo a la maquinaria de la 4T detrás.
Deberemos esperar a otras generaciones para ver un proceso con más guante blanco, con sensatez, templanza y visión. Hubo muchos golpes bajos. Los pataleos no llevan a un buen camino en ningún ámbito de la vida, menos en la política, donde el verdadero arte es hacerlo posible, salir adelante con las mejores herramientas y apelando a los activos que, desde luego, todos los tienen, y es por ello que quedaron cuatro en la fórmula final. Sólo uno gana, el resto es saber integrarse.
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