Hoy se cumple otro aniversario luctuoso, el 31, del magnicidio de Luis Donaldo Colosio, que marcó la política mexicana de los últimos decenios.
Con motivo de los 30 años de muerte, el año pasado, el escritor Rafael Medina Martínez publicó 50 cartas, prologadas por el hijo del político asesinado en 1994, en Tijuana, Luis Donaldo Riojas, y un prefacio de quien fuera su amigo, Agustín Basave, otrora líder del PRD, hoy alejado de la política.
Luciano Núñez

Mi derrotero, el azar, la amistad y otros intangibles misterios de la vida hicieron que llegara a mis manos un libro que atesoro para intentar entender la política mexicana: El enigma de Colosio, de Rafael Medina Martínez. Me lo regaló mi amigo Fernando Castro.
En él, se encuentran entrevistas, teorías y muchas incógnitas de lo que pasó con el magnicidio que paralizó a México el 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Tijuana.
Se suceden nombres, como el del entonces gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, Ernesto Zedillo, a la postre presidente de México y, sobre todo, el de los familiares que quedaron en estado catatónico como el pueblo mexicano.
El derrotero el azar y el amor por la lectura me llegaron a hurgar la biblioteca más grande de Cancún, desde donde vi asomándose un libro voluminoso que, sin pensarlo, me arrancaría emociones fuertes, sobre todo para quien ha perdido hace años a su padre.
Me refiero a “Las cartas de Colosio” que, con motivo del 30 aniversario de su muerte, fueron publicadas el año pasado con prólogo de su hijo, Luis Donaldo Riojas (exalcalde de Monterrey y actual senador) y el prefacio de acaso uno de sus más cercanos amigos, Agustín Basave Benítez, con quien jugaba squash.
El regalo para el autor fue del mismo padre del fallecido político, Luis Colosio Fernández.
En ellas, el néctar de las misivas deja ver a un muchacho sensible, que lee fluidamente a Hemingway y Unamuno, que ama profundamente a su padre y sabe expresarlo con palabras sencillas y, a la vez, profundas para un joven veinteañero.
Amor padre-hijo
Si la columna vertebral de esta narrativa es el profundo amor entre padre e hijo, no menos constante es la aparición de sus vicisitudes para conseguir que el Conacyt (organismo que se encarga de las becas), le traspase los fondos para continuar la sólida formación que adquirió en Estados Unidos, donde se concentró a entender y aprender de qué se trata el desarrollo regional que anhelaba para México.
En una de las cartas refiere que tres estados concentran la población y economía de México: México DF, Monterrey y Guadalajara. Fue una especialización muy buscada por él, dado que inicialmente intentó hacerlo en Pittsburg, pero al no haber encontrado lo que puntualmente buscaba, no tuvo problema para trasladarse de ciudad de Pensilvania, donde además, conoció al amor de su vida: “Laura”, como se refiere a Diana Laura en sus cartas.
Le envía a su padre, al que comienza llamándole “querido papá”, y luego, “querido y gran amigo y papá”, el reporte de sus calificaciones: en maestría en Estados Unidos logró mención honorífica, algo que le dio pase directo a doctorado, le hace saber la historia del lugar donde está y, en muchas de las cartas, invita a sus padres, con sumo respeto, a que lo visiten porque sufre lo que todo migrante: el dolor de tener a la familia lejos y añora las tortillas de harina de su madre. “También recuerdo con tristeza lo duro que fue para mí separarme de ti el día que regresaste”, le confiesa, al tiempo que le contará que, entre sus lecturas posteriores, figuran «Memorias de un hombre de izquierda», de Víctor Manuel Villaseñor y «Breve historia de la revolución mexicana», de Jesús Silva Herzog, “el mejor tratado que yo he leído”, refiere.
Lo que pudo ser y no fue
Siento —mientras leo y releo las 50 cartas— el coraje que habrá sentido el pueblo mexicano en 1994 al perder un futuro posible y mejor, con un líder sumamente preparado y sensible como pocos, que lamenta en casi todas las cartas el tener que acudir al apoyo económico de su padre (que además tiene otros hijos) para continuar sus estudios, al que agradece de todas las formas y hasta homenajea con un soneto.
No menos emotivo es el consuelo que le da cuando muere su abuela, madre de su padre: “Mis palabras están escritas con el más grande amor que pueda un hijo profesar a su padre, sirvan un poco de consuelo… te caracterizas por ser un hombre sumamente bondadoso y con un corazón de oro”.
O la misiva cuando le explica a su madre por qué se casa y que sólo sería una boda ante el juez, algo que para una familia tradicional católica sonorense significaba todo un desaire. Ella al parecer logra entenderlo y apoyarlo.
Claramente se puede ver que tiene la posibilidad de seguir su carrera fuera del país, pero tiene claro que su destino es México. En una de las cartas bromea que también “a los gringos se les queman los frijoles” y, a la vez, hace una mordaz crítica que sigue tan viva, vigente, como lo hemos visto a lo largo de las décadas que han transcurrido: “Lo mismo que puedes observar en California o Arizona lo puedes observar en Pensilvania: Ignorancia, indiferencia, valores que no satisfacen y una violencia institucional “institucionalizada”… si quieres triunfar aplasta al del frente de ti, que no te importe si es tu madre”.
Desde Viena
Las cartas arrancan en 1968 y llegan hasta 1979, cuando estuvo fuera de su casa para cursar la licenciatura en Economía, en el Instituto Tecnológico de Monterrey; una maestría en Economía en la Universidad de Pensilvania y, finamente, su paso como investigador académico en Economía Regional en el Instituto Internacional de Sistemas Aplicados en Viena.
“Quizás te parezcan obvias estas palabras, pero cuando se han vivido siete años lejos de los seres que uno adora, sino que son realidad vivida y llorada a veces abiertamente y a veces adentro, cuando un sencillo recuerdo convierte a nuestra alma en un manantial de lágrimas”, dice otra parte que revela su añoranza o saudade, como dicen los brasileños al sentirse lejos.
Ya con un semblante maduro, durante varias cartas narra su paso por Europa, en Viena, donde desarrolla su etapa de investigación, le pide noticias de la política, de la economía familiar, su hermano Luis y le solicita revistas: quiere estar enterado de todo. Con numerosas descripciones, le narra cómo percibe su paso por Europa, su viaje a Budapest y Madrid (Guernica), y le impresiona ver las consecuencias del holocausto a dos horas de Viena, donde vive.
“La corrupción está tan adentrada en nuestro sistema, que la honestidad es lo que extraña»
Latinoamérica y sus dictaduras
La carta final es acaso la más punzante en su crítica en términos globales. Mientras asiste a los vestigios del nazismo, reflexiona que, “paradójicamente las naciones que lucharon contra una pesadilla de la humanidad, están actualmente directa o indirectamente llevando a cabo políticas que afectan a los ciudadanos”.
Habla del Chile de Pinochet, de la Argentina de Videla y el Brazil de Geisel. “Y todos con la ayuda oportuna e interesada de nuestros primos del norte. La expansión económica norteamericana se ha llevado concomitantemente con el uso de la fuerza y el respaldo de ciertas clases privilegiadas en los países periféricos”.
Al enterarse de una detención en México señala: “La corrupción está tan adentrada en nuestro sistema, que la honestidad es lo que extraña… Estoy en contra de muchas injusticias causadas por el anquilosamiento político, pero creo que los cambios deben suscitarse dentro de un cambio democrático”.
Con aciertos y errores, Colosio fue un político que se preparó para ser presidente, cuyo único pecado fue romper con el molde del prototipo del político mexicano, y quien creía fielmente en la cultura del esfuerzo y del trabajo.
Así conocí otra faceta del Colosio, que no llegó a ser lo que pudo ni a hacer lo que planeaba para México, un país con hambre y sed de justicia.
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