
Nada en política es azaroso. Toda ceremonia tiene una intención y todo acción tiene un objetivo muy claro. Desde la llegada de AMLO a la presidencia se han sucedido una serie de señales que indican claramente que llegó para quedarse y podrá hacerlo de diferentes formas.
En Argentina y muchos otros países no han escatimado en reformar la Constitución para extender mandatos, para reelegirse o, en el peor de los casos, buscar la continuidad del poder a través de esposa, hijas o títeres.
Después de tantos años de lucha, ¿por qué dejaría AMLO el poder?, ¿a quién se lo dejaría?
Un sindicalista de mi entorno personal en Argentina ganó la elección y siguió en el poder por muchos años. Buscando la lógica de su perpetuidad le pregunté por qué no daba un paso al costado para renovar la institución. La respuesta fue seca y lapidaria: cuando llegue alguien con un proyecto mejor que el mío se la entregó. Brillaba en sus ojos esa luz maligna que sólo pueden encender el ego y el poder. Para estas alturas, estaba convencido de que todos sus proyectos eran los mejores. El poder no hace más que revelar el corazón de las personas.
Para seguir con AMLO, su proyecto ha mirado a Argentina buscando modelos. Trajo al ex secretario de economía Axel Kicillof para asesorarlo en planes sociales y cómo obtener recursos para mantenerlos. Con ese esquema Cristina Kirchner logró dos mandatos consecutivos y ahora va como vicepresidenta por el tercero. Volviendo a la pregunta central, ¿por qué AMLO construiría un mejor país como dice lo está haciendo para dejarlo en manos de otra fuerza política?
Por el momento, el plan es demasiado simple: buscar atender a la franja más vulnerable donde están los votos más manipulables. Sin embargo, los números de macroeconomía, de seguridad, de inversión extranjera, lejos de mejorar han empeorado. En un plan bastante desorganizado, muchas instituciones han sufrido el costo de la impericia y la falta de capacidad para empuñar una transición, como el caso de guarderías y el Instituto Nacional de Migración que está en grado de emergencia.
Todavía no sabemos si AMLO podrá remediar los cánceres heredados por saqueadores profesionales de cuello blanco que hoy disfrutan de los millones acumulados sin que la justicia siquiera los roce. Ahí está don Enrique Peña en las revistas del corazón y la 4T le ha otorgado impunidad sin límites. Lo que sí está claro es que al plan transexenal se le ven las costuras desde lejos y el objetivo está ya en marcha.
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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.
Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.
Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.