Grupo Pirámide
Ha generado controversia la elección de quien será titular de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos en Quintana Roo para los próximos 4 años, responsabilidad en manos del Congreso del Estado.
El asunto de fondo tiene que ver con un trasfondo político, y aunque la política atraviesa nuestra vida íntegramente, para este cargo debería estar lo más lejos posible. ¿Por qué?
Al gremio periodístico (y en particular a los periodistas), ha sido a quien el poder y, en el registro local, los políticos, quienes han perpetrado acciones de violencia contra de quienes velamos por la labor de informar a la ciudadanía, de opinar y contrastar información.
Quien será responsable de defender nada menos que los Derechos Humanos, así con mayúsculas, deberá ser una persona que comprenda a fondo qué significa amparar a una madre, cuyos derechos han sido vulnerados; la niñez y adolescencia (en un amplio sector comunitario, sin acceso a espacios dignos y oportunidades); los grupos minoritarios e incluso, los detenidos, que en muchos casos no gozan de amparo para su traslado a la cárcel; o velar por las mismas condiciones en que viven los presos.
Se trata de proteger al hilo más delgado de la sociedad, y para ello, un político/a, cuyos intereses terminan siempre en las entrañas de un poder y de grupos, difícilmente podría equilibrar esa balanza, tan desigual para muchos sectores sociales.
En Quintana Roo ha crecido el movimiento feminista como una respuesta a las agresiones y atropellos a sus derechos, en la vida laboral y vida cotidiana; además de los crímenes que se cometen por la sola condición de ser mujer. También, debe decirse, como consecuencia de erráticas políticas públicas que, durante el sexenio pasado, no visibilizaron debidamente la problemática; incluso, la ocultaron.
Existen en Quintana Roo personas que han trabajado durante años en ese sentido y que deberían tener la posibilidad de ser electos, de ser propuestos, para que tan valioso cargo para la sociedad NO quede en manos de designaciones a dedo o como pago de favores, como sucedía en la peor época de la política mexicana, a la cual, la sociedad ha dado la espalda con toda razón.
Esperamos, como gremio y como sociedad que, quien tome las riendas, sepa velar por esos valores que nos hacen, nada más y nada menos, seres humanos.
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