
Por Jaguar Negro
Bacalar, Quintana Roo. La historia es muy conocida en Bacalar. El ejido Aarón Merino ha sido un triángulo de poder ejidal que intercambiaron el ex diputado Juan Manuel Herrera, Edmundo Gómez Trejo y Román Guzmán, éste último asesinado a balazos en un crimen aún no esclarecido.
En franca confrontación con el anterior gobierno municipal, el ejido impidió el acceso al basurero que está ubicado en esos terrenos, de más de tres mil hectáreas, bajo la exigencia de cambios de uso de suelo y licencias para poder comercializar cientos de lotes, a pocos metros de la carretera federal, en el crucero que conduce a Reforma, como a tres kilómetros del centro de Bacalar.
No hubo acuerdo y los camiones llevaron la basura a otro relleno sanitario, con un costo mayor en transporte y gasolina.
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Entregó Chepe tesorería al ejido Aarón Merino
Todo indica que la administración de José Alfredo Contreras Méndez, conocido como “Chepe”, le entregará el negocio inmobiliario a este grupo, dado que el primer paso ya está dado: Paul Romero, sobrino del presidente del comisariado ejidal, Edmundo Gómez Trejo, es el flamante tesorero de la administración.
A pocos días de que entrara la nueva administración, se ha reactivado la venta de lotes, en una zona que no cuenta con servicios ni drenaje, lo cual, provocará un impacto ecológico directo en los mantos freáticos, a pocos metros de la laguna de siete colores, asegura la fuente consultada.
Si todo Bacalar está asentado en un estimado de 500 hectáreas, los terrenos de Arón Merino representan seis veces esta dimensión. El municipio no cuenta con PDU, instrumento de planeación territorial que regula los usos de suelo y las vocaciones de los mismos, aunque igualmente existen restricciones para la lotificación y venta de terrenos.
Por ahora, todo ha quedado librado a la decisión de la nueva administración que encabeza al PRI en alianza con el PAN.
La comercialización de estos lotes, nos aseguran, no cuenta con ningún diseño para áreas comunes, como parques y campos deportivos, y se trata de un desorden que, en el futuro, podría costarle un severo daño ambiental a Bacalar.
¿Tomarán nota los gobierno estatal y federal?
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