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Reportaje Especial | Cazanillos: un buscador de tesoros en los arenales de Quintana Roo

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Rastrear, escuchar y extraer tesoros es lo que hace básicamente un cazador de joyas de recién casados 

Por Arturo Mendoza Mociño

Playa del Carmen, Q.Roo.- “Detección Caribe” es el nombre de su canal en Youtube y con ese mote resguarda su persona en las sombras de la discreción porque, aunque a veces aparece a cuadro en los videos que realiza, este cazatesoros playero prefiere “compartir” sus hallazgos que lucirse.

“Así que nada de poner mi nombre”, pide encarecidamente, “porque yo no soy importante sino lo que hago: mi hobbie de años”. Trato hecho.

Detector de metales

“Detección Caribe” es un cincuentón de ascendencia española que usa un detector de metales sumergible, una pala arenera, una videocámara y siempre recurre a una tonelada de paciencia para “rastrillar” palmo a palmo las playas de la Riviera Maya o por donde lo lleve la curiosidad para encontrar, cuando hay suerte, anillos con diamantes, aretes de plata, bisutería de diferentes calidades, entre otros, “tesoros”.

Cuando lo conocí era la mañana del viernes 6 de julio de este año. Apenas amanecía y en Punta Esmeralda, al final de la popular Colonia Colosio en Playa del Carmen, varias nubes eran arrastradas por vientos que las deshilachaban en lluviecitas que caían de vez en vez.

El hombre que está detrás del canal “Detección Caribe” porta una cachucha beisbolera y unas bermudas que lo ayudarán a meterse mar adentro si así lo considera necesario en su búsqueda. Tras unas cuantas palabras sobre su quehacer comparte un cigarro Marlboro para hablar de por qué ha elegido esta playa: Porque aquí está el un conocido hotel de Playa del Carmen.

Casados o embobados

Y aquí sobran los recién casados. O embobados, porque son éstos los que, en su inmensa mayoría, pierden sus anillos de compromisos que este “cazatesoros” recupera al día siguiente de la tragedia.

Imagine la escena: Beso y beso, ojos de chinito feliz, manitas traviesas, olas que mecen el amor y el deseo y resblandecen los dedos hasta que, en efecto, el anillo de compromiso o el de la boda se cae, irremediable al fondo de la perfecta bahía que hay en el extremo sur de Punta Esmeralda porque, además de este filón de joyas a recuperar, también hay un cenote de aguas cristalinas junto al mar y donde, súmele otras escenas de pasión desbordada, más de uno pierde algo más que la inocencia: llaves del coche, claro, por qué no, llaves de la clase, ya ve cómo son de perdedizas, cadenas, medallas, zippers, que seguro no habrán resistido tanto jaloneo, aretes, collares, bueno, ya en el colmo de colmos, celulares de última generación.

Todos colegas

Cazanillos. Atrapacadenas. ¿Cazatesoros? ¿Cómo llamar a esos hombres que recorren las playas de Quintana Roo con unos audífonos de Disc Jockey y un bastón que levita sobre la arena para detectar metales enterrados a veces a un metro de profundidad?

Estos modernos gambusinos, como sus antecesores en San Francisco, buscan oro, porque es lo más preciado que pueden hallar y, gracias al turismo lunamielero, los anillos y demás pruebas de amor que se pierden en los arrumacos playeros son sus trofeos más frecuentes… cuando hay suerte.

Porque “Detección Caribe” no miente al admitir que el trofeo más frecuente, en sus pesquisas, habrá de imaginarse todo aquel que haya ido a las atestadas playas caribeñas, es la basura que dejan los vacacionistas: el infaltable tapón del caribe cooler (que suena parecidísimo a un anillo), la anilla de las latas de cervezas y refrescos (que puede confundirse con una moneda de 10 pesos o un euro), los desprendibles zíperes de cierres (que suenan paradójicamente a “quarters”, monedas de 25 centavos de dólar).

Pero eso no desanima al hombre que porta en la mano derecha un detector de metales Equinox 800 y en la diestra una pala arenera cuyo mango de fibra de vidrio acaba de cambiar porque el sol y la sal de mar empiezan a mellar su equipo en cada exploración.

Liga para ver la búsqueda del cazador de anillos

Reinversión

Buena parte de los grandes hallazgos, objetos de oro, ayudan a la renovación del equipo, para comprar una nueva cámara de video, con mejor resolución, a adquirir una báscula para pesar las joyas encontradas, para financiar exploraciones más lejanas porque “Detección Caribe” no sólo explora en Cancún o Playa del Carmen, también su afán de “cazatesoros” lo han llevado hasta Mahahual, Huatulco o hasta las lejanas playas de Florida, donde ahora se encuentra como lo prueba su video rodado el 11 de agosto en Daytona, Beach.

Hallazgo de 24 k

Hace dos meses, en junio, en la concurrida Playa Mamitas, el amigo de Detección peninsular, MX Hunter, Babylon Metal Detective, —los otros colegas “cazatesoros” con los que comparten enlaces y videos del “hobbie” de rastrear metales preciosos y uno que otro horrible—, localizó 140 monedas de pesos mexicanos aunque, la joya de la corona, fue una placa de oro de 24 kilates, de 5.1 gramos, con un número de registro, y con un valor en el mercado de $8, 900 pesos.

Las pesquisas de aquel día de junio fueron luminosas y justifican, sobradamente, las tres o cuatro horas que se invierten en un rastreo donde, en ocasiones, lo que menos aparece son los tan ansiados anillos de boda, aunque, de vez en vez, el destino se divierte de lo lindo con nuestro explorador.

https://www.youtube.com/watch?v=9v6EwRHjFAQ

¡Tamaño monstruo!

El 19 de mayo de este año, en Miami, se encuentra un Iphone X, todavía funcionando,   tres pares de gafas, un cigarrillo electrónico, un anillo, una crucecita, un pedazo de cadena y cuatro pendientes, pero, para reñirle al hallazgo del teléfono de celular, “Detección Caribe” encuentra “tremendo anillo” a medio metro de profundidad. Es de oro de 14 kilates y 15 gramos de peso, con un valor estimado en el mercado de 18 mil pesos. Aquel día, sin duda, ¿un Iphone de última generación y ese anillo perdido se dieron un quién vive o se preguntaron quién de los dos vale más?

El martes 3 de julio de este año, nuestro hombre bienaventurado prueba el adagio de que la fortuna llama fortuna. Otra vez, en Punta Esmeralda, en su segunda señal de rastreo encuentra un anillo que es tan “tremendo” como “monstruoso”: Tiene siete diamantes y dos sellos que certifican que fue hecho con oro de 14 kilates. Ahí nomás.

¿Quién habrá llorado más con esta pérdida? Aquel que lo regaló, ¿aquella que lo recibió y lo perdió en un descuido? ¿O habrá derramado más lágrima “Detección Caribe”, quien asegura que con este hallazgo respalda meses de búsquedas donde luego nomás se encuentran taponcitos de caribe cooler y una que otra moneda de a peso o, cuando mucho, de diez pesos?

Porque mientras lo días pasan, y en ese mundo que no para de girar hombres y mujeres, y todas sus combinaciones posibles, no dejen de enamorarse y regalarse joyas como prueba de amor, siempre habrá un cazatesoros, calzándose un detector de metales, para encontrar estos tesoros que esperan el zumbido que los saque del olvido de arena y mar para volver brillar ante esos ojos humanos que los miran asombrados en una página que tiene 72 videos, con 72 aventuras distintas, bajo el nombre de “Detección Caribe”.

Arturo Mendoza Mociño (CDMX, 1970) es editor y periodista cultural independiente. Gusta de emociones extremas porque escala montañas, bucea y lee poesía.

 

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