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REPORTAJE DE LA OPINIÓN| Costa del Sol, España: éxito, crisis, turismo de calidad y trenes

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(Hugo Martoccia, La Opinión)
Imaginemos una costa de 187 kilómetros bendecida por la naturaleza. Sobre su mar, un grupo de visionarios (pueden ser banqueros, empresarios, políticos) imagina un proyecto turístico.
El éxito es fulminante. Millones de turistas llegan cada año. A partir de una ciudad eje, crecen y se conurban otras. Las poblaciones se multiplican por 10 en pocos años; también los beneficios y los conflictos de ese crecimiento.
En esa costa, la desmesura de un urbanismo no planeado y corrompido genera demasiados problemas; la ubicación geográfica (al sur de un mercado consumidor gigantesco) atrae poderosas mafias del narcotráfico, y para colmo de males, una plaga de la naturaleza (pueden ser algas, o medusas) contamina sus mares.
La movilidad y la conservación del entorno natural se convierten en los temas centrales para el futuro inmediato.
Un último dato: la gente de esa costa se ilusiona con un tren que puede cambiar muchas cosas.

LOS OLVIDADOS

Si pensó en Cancún y la Riviera Maya pudo haber tenido razón; los trazos generales coinciden. Pero no es así, se trata de la Costa del Sol española, una franja de Costa que va de Málaga a Marbella, pasando por varias ciudades intermedias.
¿Cómo explicar una historia de éxito turístico que no contenga tantos olvidados como en Quintana Roo? No es fácil. La desigualdad es casi el sino de cualquier proyecto, exitoso o no, que se realiza en Latinoamérica.
Europa cuenta con varios casos de éxito turístico que no tienen ese problema, al menos no de la misma magnitud. La Costa del Sol nació en la época de la España subdesarrollada y tuvo problemas similares a los de Quintana Roo.
Crecimiento rápido y desordenado; un impacto urbano inmanejable; condiciones sociales complejas, y, para terminar, tramas de corrupción inéditas por su monto, su extensión, el daño que hicieron, y la descomunal ambición de un grupo de personas que se creyeron los dueños de todo.
Los paralelos entre ambos sitios son, como se ve, muchos. También lo son las diferencias. Pero es un buen espejo para mirar cómo se gestionan las crisis de éxito. La Costa del Sol la tuvo, y supo salir de ello.
MÁLAGA, LA PUERTA DE ENTRADA
Entre enero y agosto de este año, 13 millones de personas pasaron por el aeropuerto de Málaga, y de ahí se dispersaron en toda la Costa y la comunidad de Andalucía. Es una vieja costumbre que ha ido sumando viajeros y ciudades que los esperan.
La historia dice que la Costa de Sol nació en Marbella, en los años 50. La década siguiente fue el inicio de un boom que aún no se detiene. Durante un par de décadas frenéticas, la población de Marbella se multiplicó por 13; la de Mijas y Fuengirola por 10; y el extremo lo vio Benalmádena, que se hizo casi 30 veces más grande.
Actualmente, entre Málaga y la ciudades de la Costa del Sol, hasta Marbella, viven permanentemente alrededor de 1.2 millones, que pueden hasta duplicarse en las temporadas altas.

POBLACIÓN INTEGRADA AL ÉXITO
Hoy hay allí casi 280 mil plazas turísticas, entre hoteles y departamentos. Y pasan cada año cerca de 13 millones de turistas que dejan 13 mil millones de euros.
En ese punto parece residir una de las diferencias centrales con Quintana Roo. Esos 13 mil millones de euros se pueden imaginar en las calles. Es lo primero que se puede ver en los destinos de la Costa del Sol; la sociedad y las ciudades no se quedaron fuera de ese éxito.
Hay alrededor de 129 mil empleos bien pagados ligados al turismo, y tan sólo este año ese número creció un 10%. Y hay cientos, miles, de grandes, pequeños y medianos negocios que viven de esos turistas. El 60% de la economía está enfocada a los servicios, pero no es una economía marginal dependiente de propinas o dádivas.
En Málaga, el centro histórico o los museos, por ejemplo, son parte central del recorrido del turismo. Los restaurantes son, en sí mismos, un destino gastronómico. Para un quintanarroense, la sensación es que la rueda gira y funciona para todos.

HISTORIA
Hay, por supuesto, un legado histórico inigualable. Los 700 años de dominación musulmana y el paso del Imperio Romano se cruzan en unos pocos metros. La imponente Alcazaba de Málaga, el símbolo máximo del dominio musulmán, casi comparte tierra con las ruinas de un teatro romano antiguo, y, unos metros más allá, el viejo edificio de la Aduana, que es un legado de los años del esplendor de la España de la Conquista.
Todo es como la muestra de un gran un proceso continuo, del paso mismo de la historia. El teatro romano data aproximadamente del Siglo I antes de Cristo. La Alcazaba se calcula que fue construida cerca del año 1000 DC. La Aduana, después del año 1700.
Cientos de años de dominación, guerra, aprendizaje, orgullo, historia, están concentrados en ese breve espacio físico. Es casi intimidante.
Para cerrar y darle un toque cultural más a ese proceso, en 2015 se inauguró el Málaga la única sede del Centro Pompidou fuera de Francia. Se trata de uno de los más grandes museos de arte moderno y contemporáneo del mundo, que concibió un cubo trasparente y de colores que le da un toque único al paseo marítimo.
En la Costa, el arte tiene un lugar esencial. En Málaga está el museo y la casa de Pablo Picasso (allí nació). Y en Marbella, la Avenida del Mar está adornada con esculturas de Dalí.

UN TURISMO DE CALIDAD
Lo dice el presidente de Turismo Costa del Sol, el ente más importante del sector: “No se busca una masificación de personas”.
“Preferimos turistas de calidad antes que la cantidad. Queremos que las personas que vengan a Málaga inviertan más dinero en ella y prolonguen sus estancias para así crear un turismo más sostenible”. Han logrado las dos cosas.
Esta temporada de verano culminó con la buena noticia de que el turismo de cruceros de lujo crece. El puerto de Málaga recibió hasta agosto más de 190 mil turistas en cruceros de lujo. Todos esos pasarán, seguramente, también por Marbella.
En esta ciudad, el turismo de lujo encuentra su lugar en la Milla de Oro y Puerto Banús. Son más de cinco kilómetros de hoteles y residencias exclusivas que le dan un enorme salto de calidad a los destinos de la zona.
Pero también hay una noticia mala. La temporada 2018 en toda la Costa no superará la de 2017, que fue la cumbre de la recuperación luego de la crisis económica que empezó en 2009.

LOS PROBLEMAS
Se repite por todos lados una frase que bien podría oírse en Cancún o Playa del Carmen: todos los especialistas hablan de que los problemas principales a futuro son la movilidad y el entorno natural.
Sucede que los datos de éxito en la Costa de Sol, traían escondida la inevitable crisis. Ese crecimiento generó descontrol administrativo y urbanístico. Desde 2006 en adelante, con la explosión del Caso Malaya (se trata en nota aparte sobre Marbella. Ver abajo) una enorme trama de corrupción urbanística, se llegó a pensar que el modelo turístico estaba en crisis y que podía, incluso, colapsar.
Hubo una fuerte baja del turismo, que se potenció luego con la crisis económica mundial de 2008 y 2009. Fueron los años de la incertidumbre.
El éxito a veces esconde errores, desidia, o negligencia. Por eso, es a veces el gestor de su propia crisis. Quintana Roo vive hoy, en muchos aspectos, ese proceso.
A partir de aquella crisis, la Costa del Sol encontró el camino de la recuperación. Ahora, cuando el crecimiento parece querer estancarse, han quedado claras algunas cosas.
Nadie quiere oír hablar de turismo de bajo poder adquisitivo; es casi una mala palabra.
El turismo de despedidas de solteros, que ha copado la Costa, no le gusta a nadie.
Todo lo que se piense turísticamente, tiene que estar vinculado a la prosperidad de la gente del lugar, y el respeto y recuperación de la riqueza de patrimonio histórico.
La seguridad es una preocupación, que tiene puntos muy interesantes y que se explicarán en una nota aparte este domingo.
LA PLAGA EN EL MAR Y EL TREN

Casi como si fuese un deja vu o un paralelismo del destino, los diarios y la televisión de Málaga discuten sobre la plaga de medusas en las aguas de la Costa, como en Quintana Roo discutimos del sargazo.
Están ahí, agazapadas en las aguas del Mediterráneo, y obligan a cerrar algunas playas, a poner banderas rojas a los turistas. Aunque el impacto estético, por supuesto, no es el mismo.
“No existe un estudio concluyente mediante el cual podamos saber a qué se debe el fenómeno de la llegada de medusas al litoral”, dice Margarita de Cid, presidenta de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol. Y a uno le parece estar escuchando una explicación sobre el sargazo en las costas de Quintana Roo.
Las autoridades simplemente avisan sobre cuáles son las aguas a las que no se puede ingresar, o que hacer ante una picadura.
En los diarios, también un tren ha ganado su propio lugar. Es el Hyperloop.
El diario El País lo explica así. “Se trata de un sistema, en fase de pruebas, para transportar personas y mercancías a unos 1.200 kilómetros por hora mediante vehículos que se aceleran gradualmente por propulsión eléctrica dentro de tubos a baja presión, a flote sobre una pista con levitación magnética y con resistencia aerodinámica ultrabaja como los aviones”.
Es, digamos, el tren del futuro. Y la empresa creadora, la estadounidense Virgin Hyperloop One, junto a la empresa pública española administradora de las infraestructuras ferroviarias (ADIF) firmaron un acuerdo para que el centro de creación de ese proyecto para Europa se asiente en Bobadilla, a unos 40 kilómetros de Málaga.
Cientos de millones de dólares y empleos generará ese proyecto.

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