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Opinión | ¿Y si aprendemos a conversar?

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Concept illustration of a business team having discussion with jigsaw puzzle speech bubbles.

David Lara Catalán

 

 

 

 

 

Si aceptamos que toda la realidad institucional y toda la civilización humana, como señala John Searle, han sido creadas por actos de habla, entonces estaríamos de acuerdo en reconocer la importancia de nuestros léxicos y, en consecuencia, la importancia de la conversación como mecanismo para impulsar una visión más óptima de nuestra realidad institucional.

Me refiero con visión más óptima a esa visión que considera que siempre es posible la construcción de un mejor mundo y no cree que el mundo vivido es el mejor.

No es fácil conversar

Conversar no es nada fácil, empero,  mucho menos lo es poseer una inteligencia conversacional que nos permita profundizar en nuestra diversas visiones del mundo. La función de la inteligencia conversacional es abrir la puerta a otros puntos de vista, a múltiples expresiones lingüísticas tan diversas y heterogéneas y no siempre muy de acuerdo con las nuestras. Así, la conversación es el mecanismo para enriquecer nuestros puntos de vista, es la manera en que ensanchamos nuestros horizontes de significado.

No es solamente un acto de compartir información, tal y como señala Judith Glaser. Es mucho más ya que se trata de condiciones dinámicas, interactivas e inclusivas que en sentido ulterior dan o no fuerza y carácter a nuestra civilización.

Sin embargo, si por una parte la conversación inteligente nos enriquece, por otro lado, la complejidad económica, tecnológica y de interacción social del mundo que vivimos, así como la apatía, el discurso fácil o meramente emocional, tanto como el desinterés por la conversación, amplían cada vez más la brecha entre los individuos y las culturas. Amplía de modo rotundo nuestras lejanías.

Bondades de la conversación con nuevos ojos

Las bondades de la conversación inteligente son innumerables y, aunque es un proceso de varios niveles y de largo aliento, cabe decir que la transparencia en la conversación, el entendimiento de los diversos discursos o el éxito compartido son algunos de sus rasgos.

Desde luego que este proceso requiere de metodologías y, particularmente, cómo lo dice Proust: “La aventura real de descubrir consiste no en buscar nuevos escenarios, sino en tener nuevos ojos”.

Estos nuevos ojos serían capaces de discernir y separar aquellas conversaciones inútiles que en nada ayudan a conformar una buena relación, un magnifico negocio o, incluso, un buen matrimonio de aquellas otras conversaciones que alientan respeto, confianza, así como un  escenario favorable para los negocios y el desarrollo de una empresa. Por ello, la cuestión es: ¿Por qué no aprendemos a conversar?

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

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