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Opinión | Thomas Cook y el fin de un modelo: ¿Qué sigue para Quintana Roo?

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Alfredo Pacheco

 

La quiebra de la multinacional Thomas Cook marcó el agotamiento de un modelo de comercialización turística a través de la agencia de viajes tradicional. La evolución del internet y el agresivo crecimiento de modelos de intermediación en líneas -mucho más eficientes y de mayor propuesta de valor para el turista-, ha marcado el camino por el que evolucionará el sector de los viajes.

La irrupción al mercado turístico mundial de grandes empresas online como Airbnb, Booking y Expedia, combinado con el surgimiento de aerolíneas de bajo costo han cambiado la manera como se organizan los viajes al dar el acceso a más personas, a viajeros más frecuentes y a estilos de viaje alternativos.

Al mismo tiempo que se expande la oferta de proveedores de servicios creando un mercado más diverso. Esto permite nuevas formas de hacer turismo y nuevos perfiles de turista que buscan algo más que el paquete de viajes estandarizado.

El clásico modelo

El clásico modelo de turismo masivo basado en paquetes de viaje distribuidos entre emisores y receptivos, en el cual baso su éxito Thomas Cook, y en el que siguen funcionando gran parte del sector turístico mundial, tiene todavía una participación importante en el flujo de turistas y cuenta con mucha experiencia para seguir en el mercado, sin embargo, en este nuevo entorno los jugadores tradicionales del turismo tienen como reto innovar sus productos y la manera como lo distribuyen en segmentos más competidos y a turistas que buscan experiencias más personalizadas.

Para ello, revertir con rapidez la inercia de cómo se hacen los negocios en este rubro tan importante para el Estado será sin duda un proceso de ajuste incierto y difícil.

El mismo reto tienen los destinos formados bajo esta visión del turismo de la segunda mitad del siglo XX, como es el caso de Cancún y de la Riviera Maya, que fueron creados bajo la expectativa de ser parte de un comercio internacional de turismo estable basado en una oferta poco flexible, que le apostó al sol y playa y enfatizó en la creación de infraestructura hotelera de gran valor ligada al exterior; pero que desestimó la creación de capacidades locales de comercialización y de creación de producto. Esta dependencia comercial, con el tiempo, poco ayudó al abaratamiento de los destinos y a condiciones comerciales abusivas con las grandes touroperadoras internacionales, con la consecuente pérdida en ingreso y competitividad.

Si a lo anterior se agrega nuestra situación actual de incremento de la violencia en el Estado y la mala imagen generada por la presencia del sargazo, que en el mundo de las redes sociales no pasan inadvertidas, el reto que se tiene para la política turística de Quintana Roo es realmente enorme. Pues no solo estaremos ante los límites de un modelo comercial turístico, sino que, de no ofrecer respuestas adecuadas para ajustarse a los nuevos tiempos estaremos también ante el agotamiento de una política turística con pocas herramientas para incidir en el desarrollo del sector, y ahora ya anclada en el pasado.

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* Maestro en Economía y Administración Pública; especialista en Turismo y Desarrollo Económico. Ex titular de la Dirección de Turismo del Othón P. Blanco.