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Opinión | Los ciudadanos como stokeholders

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David Lara Catalán

 

Cuando se piensa en la noción de ciudadanía, en automático nos viene a la mente la idea de lo electoral, tal pareciera que ciudadanía es igual a sujeto que vota en los procesos electorales y nada más. El reduccionismo se defiende a ultranza. Se nos vende la idea de que sólo votando ejercemos nuestra condición de ciudadano y que el estatus de ciudadano se logra sólo a través de lo electoral.

No sólo es votar…

Tal pareciera pecado capital no votar, y no falta quien incluso ha propuesto sancionar a quien no lo haga. Votar sin duda que es importante, pero no es lo único y si somos exigentes nos daríamos cuenta de que sólo sirve como mecanismo de reproducción de un sistema político y no necesariamente como forma que permita formas alternas de interacción en las arenas público-políticas. Sobre todo, porque no somos muy propensos a evaluar o medir lo que realizan nuestros funcionarios o legisladores, y no tenemos mucha preparación en esto de inquirir en los números que nos muestran las estadísticas respecto al desempeño de estos grandes actores de la vida pública-política.

El propósito de las siguientes líneas tiene que ver con la intención de presentar, a modo de discusión, la idea de que la ciudadanía no debía ser reducida a un tema solamente electoral, sino que la noción de ciudadanía podría ensancharse a otros campos en donde la injerencia ciudadana, con análisis y reflexión, podría de modo radical cambiar las condiciones de vida que llevamos.

En qué se gasta

Ser ciudadano, qué tal si nos detenemos por un momento a pensar en esta idea, tiene una íntima conexión con las finanzas públicas, así entonces ser ciudadano es ser socio del presupuesto del país. Y si somos socios de una empresa tan grande tal vez nos debía interesar qué se hace de los recursos públicos, en qué se gasta el dinero de los socios, cuáles son los frutos de nuestras aportaciones; nos podríamos, asimismo, dar un momento, tomar un café, agarrar un lápiz y pensar si estamos de acuerdo o no en los mecanismos de redistribución de los recursos, en si nos parece bien que le estemos dando dinero a Juanito a pesar de que no estudia ni trabaja o a María que cada año se embaraza y como es mamá soltera pues hay que ayudarle a solventar sus necesidades.

Tal vez nos podríamos dar un momento para saber si nos interesa invertir en obra pública, tener cierta idea de si realmente es necesaria dicha obra y a quién se le habrán de adjudicar los contratos, aunque nos tomaría un poco más de tiempo requerir información acerca de la calidad de los materiales con que se construya la obra pública, sería importante porque eso evitará que se caiga un puente, o una carretera recientemente construida tenga enormes baches y desperfectos o tal vez un edificio muestre daños en las juntas frías y a los cinco meses se esté inundando. Lo peor es que se les sigan dando a los mismos constructores los beneficios de los contratos.

Socios

No es asunto menor, por lo que tal vez nos convendría entendernos como socios y no sólo como votantes en un proceso electoral, esto nos permitiría saber a quiénes se les está condonando el pago de impuestos o tener presente a quiénes se les venden terrenos públicos a precios irrisorios, porque eso de ser socio y no tener interés en nuestras propias finanzas sí que suena a desgracia. Aunque esa desgracia sea precisamente en contra de nosotros mismos y de nuestro propio patrimonio.

No faltará quien diga que esto es una vacilada o una utopía tan lejana a nuestras posibilidades de imaginación, que llevamos décadas viviendo tales circunstancias, pero tal vez sería conveniente darle un pequeño giro a esa visión tan precaria, así como arcaica de que ser ciudadano se reduce a solamente el día de las votaciones. ¿Por qué no pensar en ciudadanos también como stokeholders?

Nota de la PáginaStakeholders es una palabra inglesa que en el ámbito de la empresa, significa parte interesada o interesado. Hace referencia sobre todo a las organizaciones o personas que toman parte en las decisiones de una compañía y que están afectadas por sus actividades. Se podrían considerar por los grupos de interés que rodean a la empresa.

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Recibo con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com

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