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Opinión | La urgente necesidad de pensar críticamente | David Lara Catalán

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David Lara Catalán

 

 

 

 

Esto de ventilar en las redes sociales todo tipo de emociones e ideas es todo un espectáculo que no nos podemos perder. El espectáculo da para mucho: risa, enojo, frustración, ironía o decepción, entre otras varias emociones más. Cada día, a cualquier hora, ya sea frente a una computadora o un Smartphone, podemos descubrir lo que nosotros mismos o nuestros amigos y, a veces, los no tan amigos y ni siquiera conocidos publicamos con el fin de exteriorizar aquello que está dentro de nosotros y que nos urge evidenciar debido a una compleja red de factores que al final desembocan en una cierta búsqueda de reconocimiento público. Porque hay que decirlo: la tecnología ha permitido que cualquiera de nosotros pueda tener voz en las redes sociales, y no cualquier clase de voz habría que decir, la nuestra es una voz de autoridad y rigor en el tema, además no susceptible de crítica.

 

Lo deprimente y caótico

Aún más, esta tecnología ha permitido que incluso el más ignorante de los seres humanos opine del tópico que elijamos como si fuera el más erudito del universo. Así, se puede hablar de ciencia, religión, política, deportes, física, química e incluso de aquellas materias aún no inventadas, con gran sapiencia y con el rigor que se merece. No sería tan alarmante tal situación si no nos conllevara a un estado de cosas deprimente y caótico. Deprimente por la frivolidad de que está permeada. Caótica porque la conformación de mentalidades críticas, propositivas, analíticas y con cierta prudencia ha quedado al margen de nuestras posibilidades de convivencia social lo cual redunda en una cada vez mayor pobreza intelectual y emocional.

 

El papel de las universidades

Dados estos factores, uno bien podría preguntarse acerca del papel de las universidades y del sistema educativo en general, en la conformación de sujetos capaces de opinión fundamentada, con amplios criterios para sostener tal o cual idea. Asimismo, también podríamos preguntarnos dónde han quedado aquellas ideas relevantes del pensamiento universal, cuando lo que permea es la voz incontrovertible y cargada de veracidad de los temas encontrados en Facebook o Twitter. Por lo que para la gran mayoría de la gente opera la premisa de que si las redes lo dicen entonces es voz de Dios. Sin embargo, lo más relevante es cuándo nos preguntamos acerca de cuáles son aquellos criterios con los que estamos formando a nuestros jóvenes y niños y, en sentido ulterior, qué tipo de sociedad estamos construyendo, cuál es el presente y futuro común que estamos perfilando.

 

Responsabilidades y el pensamiento crítico

Justamente en ese marco es donde tiene gran relevancia pensar en el papel que juegan aquellas grandes instituciones en el proceso educativo y formativo en nuestras sociedades, es decir, la escuela y la familia, entre otras más. Pero también cobra un gran interés la acción de preguntarnos acerca de la responsabilidad que tenemos los individuos que de modo cotidiano interactuamos con otros individuos y que ya sea por desinterés o por apatía no nos involucramos de modo responsable en la toma de decisiones que implica la vida en común.

Por tanto, ya sea desde una perspectiva individual o institucional, resulta urgente la necesidad de ponderar las bondades del pensamiento crítico como esa herramienta que nos permita contar con análisis y argumentos que favorezcan la discusión de ideas y que al final de cuentas susciten una mejor y más amplia perspectiva acerca del mundo que nos rodea. Tal vez así nuestra participación en redes sociales se torne más inteligente y creativa y, sobre todo, menos emocional.

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.