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Opinión | La peregrinación del Camino de Santiago / Ignacio Alonso

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Ignacio Alonso Velasco

Por Ignacio Alonso Velasco

 

 

En estos días pasados he tenido la oportunidad de volver a ver, como cada año, numerosos guadalupanos transitando por los arcenes de las carreteras mexicanas, portando la antorcha que entregaron a su patrona el día 12 de diciembre. Esto y el hecho de haber tomado un curso sobre arte y cultura en el Camino de Santiago, me han hecho recordar y revivir la peregrinación que llevé a cabo hace ya una década, la cual tuvo como destino la ciudad de Santiago de Compostela, en Galicia, España, donde se supone que reposan los restos de uno de los apóstoles que acompañaron a Jesucristo, tras haber sido martirizado y decapitado.

Hoy en día si no hay una constancia de por medio es como si no hubiéramos realizado alguna actividad. Para acreditar que uno ha hecho el Camino, existe La Compostela, que tan solo te entregan en el caso de haberlo realizado a pie, en bicicleta o a caballo. Si se peregrina caminando, han de ser, al menos, 100 kilómetros los que se deben recorrer para tener derecho a la constancia y la forma de comprobarlo es ir sellando una especie de pasaporte en los diferentes albergues o iglesias que van encontrando los peregrinos a su paso.

 

Fervor religioso

 

Son diferentes los motivos que le pueden mover a uno a realizar una hazaña tan grande como lo es una peregrinación. Originalmente, durante la Edad Media, predominaba el fervor religioso como el impulso principal, pero en la actualidad son cada vez más los que marchan por razones lúdicas o deportivas. Al fin y al cabo, se trata no solo de un esfuerzo físico a realizar con las piernas, al mismo tiempo uno acomete un camino interior el cual permite pasar muchas horas reflexionando con uno mismo, lo que posibilita cerrar una etapa y empezar otra renovado, dejando atrás el pasado a olvidar.

Si en la actualidad podemos leer diversas novelas del gran escritor Paulo Coelho es gracias a que él hizo una parte el Camino de Santiago en la década de los 80, cuando estaba en total decadencia dicha travesía. Esa experiencia fue tan motivadora en su vida que decidió escribir su primera obra literaria, en la que narra en primera persona las peripecias del peregrinaje que afrontó.

 

 

Como el propio novelista brasileño escribió: “el camino es el que nos enseña la mejor forma de llegar y nos enriquece mientras lo estamos cruzando”. Quiero animar a quien lee esta columna a que recorra alguna ruta en su vida, pues saldrá reforzado gracias a las experiencias y aprendizajes adquiridos como, por ejemplo, que cuanto más ligera sea la mochila que cargamos en nuestra espalda, más cómodo será nuestro transitar por la vida; que si es cierto que es importante llegar, lo es tanto o más disfrutar de la travesía o que para poder mejorar en esta vida es necesario esforzarse, ya que lo que conseguimos sin sacrificio no es valorado y, por lo tanto, tan fácil como llega, se va.

El año que nos disponemos a iniciar es el primero de la tercera década del tercer milenio. Deseo que suponga el inicio de una nueva etapa en nuestras vidas, en la que deberemos afrontar retos importantes, de los cuales espero que salgamos reforzados. ¡Qué tengan un buen camino!

 

 

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(*) Ignacio Alonso Velasco: Licenciado en Derecho, Maestro en Gestión y Análisis de Políticas Públicas y estudiante de Doctorado. Imparte clases en la Licenciatura de Derecho de la Universidad de Quintana Roo. Miembro del Consejo Directivo de RECEMX, A. C. y Presidente de la Asociación de Egresados del Instituto de la Administración Pública del Estado de Quintana Roo Correo: velasco@uqroo.edu.mx