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Opinión |La juventud de Habermas a los 90

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David Lara Catalán

 

Ayer -18 de junio- cumplió 90 años el filósofo alemán Jürgen Habermas. Es ocasión propicia para tratar de presentar algunas de sus ideas que, me parece, son de mucha importancia en el mundo que hoy vivimos.

Sus aportaciones son vastas tanto en libros como en artículos de revistas especializadas, algunas de las más renombradas son: Teoría de la Acción Comunicativa, Discurso Filosófico de la Modernidad, Conocimiento e Interés, Pensamiento Postmetafísico y una infinidad de artículos filosóficos y políticos que, sin duda, han propiciado que Habermas sea un referente mundial en el pensamiento filosófico, político y social.

Seguramente en muchos otros ámbitos del conocimiento también han tenido una recepción importante debido a la amplitud de sus planteamientos.

Huellas

El paradigma habermasiano tiene como finalidad, entre otras varias más, saber en qué medida el desarrollo de las sociedades tiene huellas de la razón o no. Es decir, detectar las huellas de la razón de la historia tiene como finalidad saber qué tanto es posible hablar de vidas logradas o vidas alienadas. Decía en uno de sus libros, Eticidad y Moralidad, que cuando los individuos no se reconocen en sus propias acciones, o las instituciones no responden a las expectativas propias de un colectivo social, o las tradiciones carecen de sentido, entonces un rasgo ético, racional, se ha perdido.

Solidaridad y colaboración

Me gustaría retomar desde esta perspectiva algunas líneas que creo pueden suscitar reflexión y análisis en medio de sociedades convulsionadas por temas como corrupción, pobreza, calentamiento global, ineficiencia de muchos gobiernos a nivel mundial y, particularmente, por la gran ausencia de un esquema de solidaridad y colaboración, no sólo entre los más próximos, sino a nivel global.

Estas líneas toman en consideración la idea de Habermas de la acción comunicativa, es decir, este privilegiar el diálogo como mecanismo para recrear identidad individual y social, solidaridad, reconocimiento de la diferencia, elementos que en un mundo permeado por las fake news o la cultura de la posverdad resultan de gran relevancia, si es que aún estamos interesados en construir o conformar instituciones que respondan de modo oportuno al contexto en que vivimos y que, a pesar de la complejidad social, permitan conformar sujetos interesados en el desarrollo comunitario.

La función de la lengua  

El modelo de acción comunicativa tiene como base una intersubjetividad mediada lingüísticamente, es decir, no son los sujetos aislados, sino los sujetos que interactúan quienes dan sentido a ese espacio donde las instituciones y las tradiciones cobran un sentido capaz de explicar lo que somos, quiénes somos y a dónde queremos llegar como parte de un futuro social compartido. Una pregunta que siempre nos podemos hacer es la siguiente: si el diálogo es indispensable en esta intersubjetividad también lo es el contenido del mismo, es decir, qué aportamos a dicho diálogo. ¿Acaso este explique la pobreza de nuestras democracias?

Estas últimas líneas implican un rasgo cognitivo, pero también moral. Me explico: es importante saber qué es lo que se aporta al diálogo en materia cognitiva, es decir, ¿sabemos de lo que estamos hablando? Porque habría que decirlo, hoy todo mundo tiene la posibilidad de hacer patente un punto de vista, asegurar de modo tajante que no sólo es punto de vista, sino que también es palabra de Dios, aunque lamentablemente no tenga ese punto de vista ningún tipo de sostén informativo o argumentativo por lo que se cae fácilmente en falacias.

Verdad lejana

Es frecuente observar con qué facilidad se llega a peleas estériles todo porque se exige para nuestras ideas y conceptos un nivel de verdad muy lejano. ¡Qué pieles tan sensibles! Pero, no basta saber de lo que estamos hablando, también es importante reconocer cómo impactarán en la vida de los demás nuestros saberes y nuestros argumentos, lo cual implica un rasgo moral de nuestros discursos y acciones. La exigencia de veracidad y confiabilidad son fundamentales, así como también resulta de sumo interés la idea de cooperación y colectividad, de una mirada seria y solidaria a la existencia de los demás, de los otros, los diferentes.

¿Qué estamos construyendo con el léxico?

La acción comunicativa de Habermas es parte del giro lingüístico y pragmático que tomó la filosofía hace algunos años, autores como John Austin fueron precursores en este tenor, otro más es John Searle quien afirma que la realidad institucional es siempre una construcción lingüística. Una pregunta que me parece fundamental es: ¿Qué estamos construyendo con nuestros léxicos y nuestras intersubjetividades? ¿Acaso minimizando o fortaleciendo a nuestras instituciones? ¿Dando paso al reconocimiento de los derechos de los demás, sobre todo de los más desprotegidos? ¿Estamos interesados en pulir nuestras democracias?

Si este es el caso, sugiero que entonces habría que empezar por educar y educarnos en temas de respeto y solidaridad, en la seria preocupación por la existencia de los demás, carecer de esta cultura es dar las pautas para un empobrecimiento de nuestra institucionalidad y, en palabras de Habermas, hacer patente que “una totalidad ética se ha desgarrado”.

Para finalizar, en el Dodger Stadium hay un monumento a Jackie Robinson y se puede leer una frase de él mismo: “A life is not important except in the impact it has in other lives” (Una vida no es importante, excepto en el impacto que tiene en otras vidas”.

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Recibo con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com