Inicio Columna Opinión | La época de la pos-verdad y la manipulación: David Lara...

Opinión | La época de la pos-verdad y la manipulación: David Lara Catalán

Compartir

David Lara Catalán

¿Por qué resulta tan interesante el tema de pos-verdad en un tiempo en que nadie parece estar interesado en la mismísima verdad? Porque habría que decirlo de modo claro: ¿a quién realmente le interesa pensar en la verdad de los enunciados que emitimos y que escuchamos de modo cotidiano y que sin duda habrán de conformar nuestras complejas y contrastantes visiones del mundo?

Poco amor por la verdad

¿Acaso no es más fácil pasar por la vida con poco o nulo interés por la verdad? Y aunque el evangelio diga que la verdad nos hará libres, esto parece a la distancia una frase de y para los antiguos. Hoy la verdad y la libertad se han quedado rezagadas respecto a la vertiginosa carrera que tienen el rumor, el chisme y la descalificación.

Y si realmente existe poco interés por la verdad, ¿cómo es que el tema de pos-verdad cobra tanta curiosidad?

Abrumados por la sobreinformación

Primero que nada, me parece, habría que entender qué significa el término pos-verdad y, desde ahí, tal vez sea posible configurar su importancia en el mundo altamente tecnologizado que vivimos, en el cual, dicho sea de paso, la sobre-información de la que somos sujetos u objetos nos abruma, nos engaña y nos deja muy poco por hacer para entender la dimensión de lo que vivimos.

El diccionario Oxford define el sentido de la pos-verdad como: “aquel en el que los hechos influencian menos el diseño de la opinión pública en comparación con la emoción y la creencia personal”. Agregaría que no sólo en los temas de interés público, lamentablemente también en la vida privada.

El análisis no tiene cabida; manipulación y tergiversación

De ahí que nuestra época de pos-verdad sea una época en donde los criterios, el análisis de la información, así como ciertos parámetros necesarios para evidenciar o sustentar nuestras opiniones no tienen cabida, por no decir que ni siquiera interesan a los diversos interlocutores.

No es nada nuevo, empero. Es un hecho histórico que las seudo-interpretaciones, los rumores, la falta de análisis, entre otros temas más, siempre han estado en las mentes de muchos. Así también la manipulación y la tergiversación de los datos han hecho de las suyas. ¿Por qué se malinterpreta?

Brexit y los efectos de la manipulación

El tema no tiene una respuesta cómoda. Muchos pudiéramos suponer que el hecho de  malinterpretar se debe a la falta de herramientas educativas como saber leer y comprender un texto, una imagen, un discurso. A veces, también se piensa, la mala interpretación tiene que ver con una conducta perversa que sabe que aquellos objetivos que se esperan lograr sólo serán posibles si van de la mano de la manipulación. (El Brexit, por ejemplo, ganó tantos adeptos debido al impacto que tuvo la información diseminada de que el Reino Unido enviaba a la Unión Europea la cantidad de 350 millones de Euros a la semana). La ignorancia también puede hacer de las suyas y combinada con la manipulación hacen estragos en los individuos y en las sociedades globales.

Desde Grecia hasta hoy

Sin embargo, a pesar de que hoy se realza el tema de la pos-verdad y pareciera un tema de moda, habría que decir que no es nada nuevo. Sólo un ejemplo de la antigüedad para evidenciar esta situación. En Grecia funcionó la institución llamada Ostracismo. Y en una sociedad democrática, que ha servido de ejemplo para las generaciones venideras, servía para expulsar de Atenas a quien resultaba incómodo para algún grupo de personas. Cuenta la historia que un analfabeto, tras entregar su óstrakon (fragmento de cerámica sobre el que se escribía el nombre del ciudadano condenado al ostracismo) a Arístides, le pidió que escribiera justamente el nombre de Arístides. Éste asombrado le preguntó si Arístides le había causado algún daño. “En absoluto”, respondió, “ni conozco a ese hombre, pero me molesta oírle llamar por todas partes el justo”. Después de escucharle, no replicó, escribió su propio nombre y le devolvió el óstrakon. Plutarco, op. cit. VII, 7–8. Muchos personajes ilustres de aquellos tiempos fueron condenados al ostracismo sin más razón que su popularidad y su influencia social.

En síntesis:

Al paso que vamos y, dada la mezcla entre manipulación, engaño, falta de interés por la verdad, así como los magníficos instrumentos tecnológicos de publicidad con los que contamos parece que estamos viviendo una nueva forma de ostracismo.

Es decir, una forma que ha expulsado de nuestras mentalidades el interés por conocer más a fondo aquello de lo que opinamos, un mecanismo que ha erradicado la importancia de la conversación como instrumento para desarrollar las diversas inteligencias y formas de creatividad. Un ostracismo, por cierto, del cual no parece haber retorno.

  *****

David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Dejar una respuesta