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Opinión | El conflicto de las supremacías; Bolivia y el litio

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David Lara Catalán

En nuestro mundo complejo, curiosamente, nada pasa por casualidad. E incluso, se podría hablar de cierto control en los sucesos globales. Siempre es posible encontrar una cierta explicación a lo que sucede, es decir, una explicación más o menos verídica.

Y no parece haber duda de que, desde el ámbito de lo económico y comercial, se perfilan un sinfín de acciones que de pronto parecen teñirse de un matiz que pretende dibujarlos como temas de democracia, humanitarios y, por qué no, de un gran nivel de solidaridad mundial.

Disputas globales

En realidad, el marco que permea mucho de estas acciones apunta al tema de la supremacía económica, comercial y control de los mercados, presentes y futuros que se disputan algunas naciones de este planeta.

Sucedió con el conflicto entre los Estados Unidos y China y donde el desarrollo y control tecnológico estriba en el esquema del 5G. Sucedió entre Estados Unidos e Irak, un conflicto que apuntaba básicamente al control del petróleo.

Litio

Vale recordar aquel conflicto entre Rusia y Ucrania y el problema del control de la península de Crimea, lugar geográficamente estratégico ya que es el único acceso marítimo entre el Mar Negro y el Mar de Azov y con importantes puertos. Me pregunto si atrás del conflicto en Bolivia, más allá de las cuestiones político-electorales yace el tema del litio y su importancia en un mundo que cada vez requiere de sustitutos del petróleo. Sólo entre Chile, Bolivia y Argentina concentran más de la mitad de las 40 millones de toneladas de las reservas de litio en el planeta.

Me parece que sería ingenuo, tomando en cuenta las líneas anteriores, siquiera suponer que nuestras democracias, procesos electorales y todo lo que se mueve en el ámbito de la esfera pública-política reside solamente en la intención de pensar en el interés colectivo, es decir, de todos aquellos quienes conformamos el ámbito de lo público.

Interés económico, el trasfondo

Nuestras democracias, me parece, están guiadas, en gran medida, por el interés económico, comercial y tecnológico de algunos grupos y/o naciones que hacen de la política una herramienta eficaz para el control de la opinión pública, local y global. Desde ahí se perfilan decisiones de corte vertical que sólo dejan margen a la obediencia y el mantenimiento del orden mundial.

Sentido de la política como herramienta

Si aceptamos todo lo dicho, entonces me parece que bien podemos preguntar (nos) cuál es el destino de una gran parte de los países del orbe; asimismo, interrogarnos sobre el papel de una cantidad inimaginable de seres humanos con sueños y aspiraciones, pero con pocas posibilidades de concretarlas.

¿Vale la pena seguir alentando la utopía de una sociedad más equitativa a través de la escuela, la familia y todas las instituciones sociales con las que contamos? ¿Podemos seguir pensando que es posible un mundo capaz de atender y procurar aliento y desarrollo por aquellos sueños a los que aspiran millones de individuos en el planeta? ¿Dónde quedó aquel profundo sentido de la política como herramienta para la búsqueda del bien común?

Finalmente, me parece que es necesario pensar en una sociedad crítica, pensante y propositiva capaz de hacer contrapesos efectivos a las dinámicas que priorizan el bienestar económico de sólo algunos; sin embargo, sin patetismos habrá que decir que la democracia, el poder de la gente, ya quedó bastante relegada de nuestras formas de hacer que priorizan los intereses económicos, comerciales, tecnológicos como sustento de la praxis política.

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Recibe con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com

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