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Naderías Totales | Arrepentidos

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Por Luciano Núñez

Escribo a pocas horas de que termine el año 2018. Y termino en mi patria natal con la sensación agridulce que me provocan, por un lado, la gente noble, creativa y pujante: resiliente; pero con la profunda tristeza de ver el retroceso de la expectativa que generó el “cambio” de Mauricio Macri, cuyo gobierno me remite más a un peste bíblica que a una política de estado. Les diré en las próxima líneas por qué.

Eterna grieta

Desde el año 2006 radico en México y he venido regularmente desde el año 2009. Mis afectos y la familia han sido el mejor bálsamo para la herida de quien parte a buscar mejores oportunidades. Durante el período de Cristina Fernández he sido testigo de reparaciones históricas, el ascenso social y una economía interna fuerte; pero también de la falta de control en las políticas del estado, la galopante corrupción y el empoderamiento excesivo que revivió la eterna grieta que atraviesa Argentina desde su fundación: Unitarios y Federales, provincianos y capitalinos, radicales y peronistas, y un extenso etcétera.

Para ponerlo en casos concretos: mis amigos compraron casa y vehículo, otros fueron a visitarme, una pariente logró jubilación de ama de casa y existía la sensación de que todo podía ir en progreso. El cáncer de la corrupción acabó pronto con ese ánimo país.

En una carta que publiqué antes de las pasadas elecciones presidenciales, opiné que Daniel Scioli era la mejor opción: ¿por qué? Macri representaba a los grupos de poder que mandan en el país y al FMI; y siempre con esas siglas nos fue mal, como pasó en dictadura y con el menemismo del 1 por 1. No hay más. Con no pocos argumentos, la gente optó por un Macri que resultó una verdadera estafa electoral.

Historias del cambio fallido

Pongámoslo en casos. Prometió no aumentar impuestos y pasó todo lo contrario. La misma jubilada de mi familia que cobra 9 mil pesos, pasó de pagar mil pesos de luz a 3 mil 500. Las rentas aumentaron drásticamente después de la liberación del dólar que pasó al doble en la era del “cambio”, de 18 a casi 40.

Ni qué decir de la inflación inalcanzable que sólo supera Venezuela sumida en caos y éxodo también bíblico.

Recorrido y desplome

He hablado con gente de Buenos Aires, de Tucumán, Córdoba y Catamarca. El hilo es el mismo. Quienes antes apoyaron sin cortapisas a Macri están como el título de esta opinión: arrepentidos.

Veamos un caso. Mi amigo vive en Monteros y es mediano productor azucarero. Está afanosamente buscando un cargo de profesor. Me da detalles. La urea, que sirve de fertilizante para cultivo de la caña, cuesta alrededor de mil 100 pesos; y el producto final, que es la bolsa de azúcar: 570 pesos. “No hay ninguna relación”, me dice abriendo los ojos el monterizo. Están en peligro de cierre cuatro ingenios azucareros, algo por demás parecido a los años duros. Cortar calles y quemar neumáticos es el trabajo de los empleados de esa industria con chimeneas.

En Tucumán cerró la tarjeta de crédito local e histórica: Credimás; además de la ensambladora BGH que dio tantos empleos y ahora sólo se recuerda como un extenso barrio tucumano.

Un compañero de la secundaria cerró después de pelear varios meses su negocio de abarrotes. “No alcanza ni para pagar la luz”, me dice. “Voté por Macri, pero nunca más”, se castiga como quien confiesa un pecado.

En Catamarca otro empresario cerró su fábrica de cervezas artesanales: bajó el poder adquisitivo y los números no cuadran.

Los ganadores del cambio

¿Quiénes han ganado con todas estas políticas? Los que invirtieron en  Letras del Banco Central (LEBAC), los que tenían información de la escalada del dólar, los que tienen espalda para invertir en grandes negociados que quedan en pocas manos.

Nunca como antes vi tanta gente en situación de calle: en Buenos Aires encontré una mujer que no tenía más de una semana durmiendo en una vereda: todavía su peinado la transportaba a otra vida donde la peluquería no era un lujo. Sin mirar el riesgo país que ronda los 900 puntos, se puede decir que Argentina vive una situación parecida a una guerra, con más de 2 millones y medio de personas que se sumaron a la fila de los considerados pobres.

Dejaré en claro que mi bandera no es regresar al robo descarado y la corrupción desmedida con puentes mal hechos y nuevos ricos. Simplemente tomar lo peor (como experiencia) y lo mejor del pasado para construir un mejor país, donde los ciudadanos se involucren profundamente en cuidar lo que es de todos.

En medio de esta serie de ajustes hacia abajo, en una clara política de despiadado neoliberalismo, me encuentro con gente hermosa llena de luz que cuida enfermos cobrando monedas, gente que lucha por no caer en desesperanza, gente que todavía cree que el país volverá a ser grande y me quedo con ellos. Mirándolos con admiración: son los que sostienen los hilos de la catástrofe. De otra forma no podría dejar de pensar en mi madre patria sin entristecerme demasiado.

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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

 

 

1 Comentario

  1. Excelente crítica y lamentable realidad de un país que cada tanto cae en pedazos y que parece no escarmentar jamás

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