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Opinión | Apuntes para cambiar el mundo y el amor por la sabiduría

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David Lara Catalán

 

En las tesis sobre Feuerbach decía Marx -en la tan famosa cita número once- que: “lo que los filósofos han hecho hasta ahora es interpretar al mundo, pero de lo que se trata es de cambiarlo”.

Funeral de las ideas

Desde luego es una aseveración que ha dado paso a múltiples interpretaciones, y la que presentaré, no es para menos, será parte de esta multiplicidad. Salvo raras excepciones hoy podemos decir que la filosofía y los filósofos han venido a menos, casi en desuso, y no faltará quien diga que hace años asistimos a su funeral. Asunto que, por lo demás, no deja de ser lamentable, aun cuando habría que decirlo, la filosofía bien pueda considerarse una actividad de cierto elitismo, y no precisamente económico.

El elitismo apunta, más bien, hacia esa difícil tarea de pensar, de hacer uso de nuestra propia razón, tal y como lo señalaba Kant con aquella frase de “Sapere Aude”. Por eso la actividad de pensar, aunque potencialmente todos podamos hacerlo, no necesariamente todos estamos interesados en una tarea que raya a veces en lo estéril y en complicadas aporías.

Pensamiento mágico de las redes

En muchos tramos de la historia, el pensamiento religioso o el mágico o la ciencia han tenido más peso que el pensamiento filosófico, aunque tal vez el golpe más doloroso que ha tenido la filosofía, la comparación sea tal vez un poco exagerada y, aparentemente fuera de contexto, ha sido el propinado por las redes sociales en donde la filosofía en tanto visión pensante y crítica ha sido rebasada por esa animosidad con la que tantos usuarios invitan a todos a vivir una vida buena, próspera, feliz y abundante.

Invitan como lo haría un estoico a vivir una vida con control de las cosas, de las pasiones y de los hechos, así como alcanzar la felicidad y la sabiduría. Otros más, en las redes claro está, invitan a vivir una vida plena de ataraxia como fórmula para alcanzar el equilibrio emocional, casi como el “peace and love” de hace algunas décadas.

¿Mensajes necesarios?

El contenido de estos mensajes evidencia, según lo veo, en mayor o menor medida, que una buena mayoría de nosotros parece necesitar de este tipo de mensajes, al menos para sentir un alivio cognitivo o emocional, ya que es muy probable que no vivamos una vida buena o próspera o feliz o abundante.

Y que, además, el equilibrio emocional se ha trastocado en su contraparte, es decir, un desequilibrio emocional que desemboca en violencia familiar o social, en frustración e incluso en un profundo sentido de apatía. No es para menos, la vieja retórica de que la escuela o la familia nos habría de educar en la búsqueda de una buena vida es eso: vieja retórica, carente de valor y de vigencia.

Lo que pesa, aunque haya escépticos en el tema, es que la conformación de nuestras cosmovisiones es lo enunciado en las redes sociales y que, de modo acrítico e insaciable, se consume a todas horas y todos los días. Desde luego que hay excepciones y siempre son bienvenidas.

Redes sociales, lejos de cambiar el mundo

La sustitución de la filosofía; y seamos honestos, de muchas otras formas de reflexión y análisis, por el enorme fenómeno de las redes sociales, y pese a su efecto nocivo, ha desgajado completamente la idea de “cambiar el mundo”.  Y me refiero con la frase de cambiar al mundo al sentido de aspirar a una vida con prosperidad, pero también con mayor equidad. Cambiar al mundo con reflexión y crítica, pero también con una mirada atenta respecto de aquellos que son “Los Olvidados”, es decir, aquellos que no tienen oportunidad de una buena educación o mejores niveles de desarrollo social, laboral o salarial. Con cambiar al mundo me quiero referir a la búsqueda de mecanismos que nos permitan ejercitarnos de modo responsable en el desarrollo de nuestras personalidades.

Papel de la filosofía

Por todo esto me parece importante traer a la arena de las discusiones el papel de la filosofía y su estrecha conexión con el pensamiento crítico en nuestra actualidad. Con filosofía no me quiero referir a conocimiento filosófico: es decir, aquella acumulación de ideas, pensamientos o frases que han dicho los llamados grandes filósofos y que no falta quien enumere, incluso en su idioma original, como ejemplos de gran erudición. Me quiero referir con filosofía a su sentido original: amor por la sabiduría, ya que sólo quien ama la sabiduría es capaz de preguntar, indagar, cuestionar, poner bajo sospecha cualquier enunciado.

Sus cuestionamientos no son bajo la perspectiva del ad hominen, es decir, bajo la idea de cuestionar a la persona antes que pensar en la discusión de argumentos. Estoy seguro de que no faltará quien diga “y quien se ha creído David Lara Catalán para decir tal cosa” antes que siquiera sugerirse a sí mismo que algo, tal vez algo de razón o tal vez no, puedan tener sus ideas.

Y ahí estriba el sentido que me gustaría aplicar de la frase: “que los filósofos deben transformar al mundo y no sólo interpretarlo”. Es decir, la tarea de los filósofos, en tanto amantes de la sabiduría, es buscar desarrollar en sí mismos y en los demás una actitud inteligente que permita reducir el impacto de esto que parece nuestro deporte favorito: descalificar sólo por descalificar, antes que siquiera permitirnos conocer el contenido de las afirmaciones de las personas, independientemente del color de piel, preferencia sexual o religiosa. Me parece que sólo así podríamos transitar hacia una sociedad democrática, susceptible de percibir las múltiples diferencias, pero asimismo capaz de conciliar nuestra diversidad en un interés por el bienestar colectivo.

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David Lara Catalán es maestro en Gestión Pública Aplicada del ITESM y diplomado en Filosofía UIA.

Es autor de La Melancolía en Tiempos de la Modernidad (2001), Apuntes Desde la Lejanía y Corriendo que es Gerundio.

Recibo con gusto sus opiniones en: dalarac@hotmail.com

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