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Naderías Totales | La batalla perdida de Haberkorn contra las redes y el celular

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Por Luciano Núñez

La carta de un periodista y académico uruguayo, Leonardo Haberkorn, que circula en redes sociales y medios tradicionales, causó una verdadera conmoción –por no decir una revolución- gracias al contenido que plantea: el abuso de los celulares y redes sociales; la desinformación y la apatía de los jóvenes. Frente a esto, el educador renunció a dar clases.

Leonardo Haberkorn, periodista, escritor y ex catedrático uruguayo.

No es un asunto menor. Frecuentemente nos sentimos, al menos en mi caso, asediados por los mensajes de celular, y con ello, la incómoda situación de tener al frente a una persona que apenas nos mira -de vez en cuando- para corroborar que estamos ahí, pero en verdad, su mente está en un mundo virtual. Los nuevos roles de la tecnología, la invasión de ámbitos y las modas, nos han superado porque los cambios son tan bruscos que hoy ya eres un viejo si sólo usas el Facebook como red social.

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Les dejo algunos párrafos centrales de la carta de Haberkorn, cuyo desinterés quizás pase por otros dilemas, pero no deja de ser sumamente importante su aporte a la discusión. Mientras escribía esto recordé al profesor de música de la película ganadora del Oscar, Whiplash, en donde el profesor también debe lidiar con una buena masa de estudiantes mediocres, pero sabe que con uno de ellos ganado habrá dado al mundo algo extraordinario.

“No tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es lo que hacen”

“Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez. Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies”; dice en el arranque, pero admite, “claro, es cierto, no todos son así. Pero cada vez son más. Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 90 minutos -aunque solo fuera para no ser maleducados- todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es lo que hacen”.

Desinformados en la era de la informació…silencios

Hasta ahí, el también escritor abunda sobre el ataque a las buenas costumbres, al respeto, pero en los párrafos siguientes habla de la falta de información de estos jóvenes en la época donde toda la información está a un clic de distancia. Él los llama: “gente que no le ve sentido estar informado. Y puso dos ejemplos contundentes: “Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante entre 20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no tenía ni la más mínima idea.

“¿Qué partido es más liberal, o está más a la “izquierda” en Estados Unidos, los demócratas o los republicanos? Silencio. “¿Saben quién es Vargas Llosa?

¡Sí! “¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno. “Lamento que los jóvenes no pueden dejar el celular, ni aún en clase. Conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado.

Estudiante descubre que todavía se venden periódicos

Como buen uruguayo, de ese pequeño país que tiene tanta pasión por el fútbol y que nos heredó las palabras de Eduardo Galeano, no deja el sarcasmo fuera: “Es como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales. “En un ejercicio en el que debían salir a buscar una noticia a la calle, una estudiante regresó con la noticia de que todavía se venden diarios y revistas en las calles”.

Les fueron matando la curiosidad

Pero no carga sólo de culpas a los jóvenes, porque afirma que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre. Afirma que los estafaron, “que la culpa no es solo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos. Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo. Entonces, cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia. Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante. No quiero ser parte de ese círculo perverso. Nunca fui así y no lo seré. No soporto el desinterés ante cada pregunta que hago y se contesta con el silencio. Silencio. Silencio. Silencio. Ellos querían que terminara la clase. Yo también”.

Contundente, firme como el pie de los charrúas en la cancha.

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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

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