Inicio Columna Naderías Totales | El paraíso corroído por indolentes e incompasivos

Naderías Totales | El paraíso corroído por indolentes e incompasivos

Compartir

Por Luciano Núñez

Los atardeceres en Cancún son  los más hermosos del planeta sin importar desde dónde se miren. Esa lenta despedida del día es única desde la vorágine de la ciudad o al lado de la brisa del mar. El cielo adopta una gama de colores, de herrumbres, que conmueven hasta el más apático de los seres humanos. Si se mira a ese otro cielo turquesa que está más allá de los médanos, sin dudas, hacen de este lugar un verdadero paraíso para vivir. Eso hemos pensado durante muchos años quienes llegamos de otros puntos del planeta a poblar esta roca caliza llena de esplendores: vivimos en un edén. Sin embargo, pensar que se vive en un paraíso donde todos los días ronda tanta muerte es una imagen tan vil, despiadada y poderosa que comienza a corroer los cielos y los mares que tanto amamos.

No se puede pensar ya en hermosos paisajes cuando cifras oficiales dicen que el año pasado masacraron a más de 220 seres humanos en Cancún; 52 de ellos no fueron reclamados y acabaron en fosas comunes. Este año la cifra trepa los 377 (hasta agosto). De ninguna manera se puede pensar en un paraíso que se tiñe de rojo sangre en las calles, donde las ambulancias no paran y aparece el temor a la prosperidad.

Espacio profanado a los inocentes

El relato ha sido siempre el mismo: que se trata de una guerra que se libra en otro territorio; sin embargo, la muerte del camarógrafo Javier Valladares ha ocurrido en el mismo espacio donde los inocentes trabajan y viven para amparar sus familias. El espacio ha sido profanado.Resultado de imagen para liston de luto

Javier fue una víctima colateral de este caos que reina desde la llegada de Juniors al gobierno, que empeora con la negación e indolencia de un fiscal (así, en minúsculas) que parece no tener corazón. Días atrás culpó a los medios de comunicación de la percepción de violencia. No quiere decir que el fenómeno del narcotráfico sea su culpa, es un problema nacional muy complejo que lo rebasa por mucho, pero cuando menos, debe existir en todo servidor público el sentido más humano hacia los inocentes que son llevados por esta corriente negra que crece.

La compasión es un sentimiento de pena y de identificación ante los males de alguien. Y el indolente es el que no se afecta o conmueve por nada. Dos palabras que no deberían describir a quien forma parte de un gobierno que, en esencia, busca una mejor calidad de vida para todos. Indolentes e incompasivos son los otros, los del otro lado, los que se matan; no deberían serlo los nuestros o los que creemos son nuestros.

El Fiscal ha dicho que este joven periodista y emprendedor -que hoy iba a casarse-, no estaba en horario de labores ni con uniforme cuando fue despojado de su vida. No necesitamos más indolentes e incompasivos con maestrías y doctor honoris causa de dudosa calidad, cuando menos. Todos los días vemos cómo estos grupos se matan y toman los negocios de otros sin ninguna ley ni reparo.

Cancún solía tener los mejores atardeceres y el mejor mar del mundo. Los dos siguen estando en el mismo lugar, la ciudad es la que ha cambiado con seres indolentes e incompasivos.

*****

(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

Dejar una respuesta