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México tiene tantos hermanos… | Columna: Naderías Totales

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Por Luciano Núñez

México es un pueblo generoso. Como decía Atahualpa Yupanqui,  tiene muchos hermanos, tantos, que no los puede contar. Hermanos en el Sur, a quienes México les dio tierra y cielo cuando las dictaduras se ensañaron con sus propias almas, y cuando la economía era una tormenta perfecta en otros; en el Norte, donde viven millones de mexicanos que siguen vibrando con el mismo corazón; y los de aquí adentro, que son los que se lanzaron desesperados a las calles a ayudar. Todos han conformado la más grande cadena solidaria que yo haya visto.

Los hermanos que estaban lejos han llorado con este pueblo que es tan lindo cuando alegre, y que por eso, a nadie le gusta ver desfigurado de dolor. Los hermanos de aquí han salido a veces, sin ton ni son, pero con el corazón por delante queriendo poner el hombro en el peor momento y donde haya que ponerlo. Porque hay un luto profundo hasta en el tequila que se funde con la infinita alegría de reconocer que México (el del Sur, el del Norte y el de aquí) es un pueblo valiente cuando se quita la máscara y reconoce al de al lado. Que no importa que el que esté bajo los escombros sea él o sea ella, sea de aquí o de allá: sencillamente está bajo nuestra tierra y bajo la misma tragedia. Nada humaniza más que la pérdida, y México, ha perdido mucho y de las más variadas formas.

Rescatistas profesionales y los de pie, topos, vecinos y el que dona lo poco que tiene, porque el otro tiene menos, es el verdadero mexicano. No el de unos políticos corruptos, no el de los narcos sin códigos ni corazón, y ni siquiera, los que salieron a la rapiña; son los que han desafiado a la tierra misma que dinamitó el centro del país, y que no ha hecho más que unir lazos rotos, eslabones de todo el país para convertirlas en una poderosa cadena para levantar los brazos por un ser humano más.

Julio es un viejo amigo que vivió el terremoto del 85. Conmovido hasta las lágrimas un día narró la emoción que se siente rescatar a una vida humana de entre los escombros. Recordó a ese desconocido que apareció de la nada y dijo cómo había que poner la palanca en tal lugar y en tal punto. “Ahorita los sacamos”, prometió. Ese desconocido que nunca más apareció salvó varias vidas. Esa es la hermandad que ha aflorado.

Habrá muchos milagros, políticos que quieran la foto llevando una despensa, habrá mucho desgarro, pero habrá un nuevo amanecer después de esta pesadilla que ha despertado lo mejor de su gente. Porque México no será a ser igual después de esta sacudida, como no lo fue después del 85. México tiene, como decía “Don Ata”, muchos hermanos: en el valle, en la montaña, en la pampa y en el mar; tantos hermanos que se pierden por el mundo y se vuelven a encontrar. México tiene tantos hermanos, con los que hoy puede contar.

Luciano Antonio Núñez

Es técnico y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún. Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide

Los hermanos (o Yo tengo tantos hermanos)

(Atahualpa Yupanqui)

Yo tengo tantos hermanos,

que no los puedo contar,

en el valle, la montaña,

en la pampa y en el mar.

 

Cada cual con sus trabajos,

con sus sueños cada cual,

con la esperanza delante,

con los recuerdos, detrás.

 

Yo tengo tantos hermanos,

que no los puedo contar.

 

Gente de mano caliente

por eso de la amistad,

con un rezo pa’ rezarlo,

con un llanto pa’ llorar.*

 

Con un horizonte abierto,

que siempre está más allá,

y esa fuerza pa’ buscarlo

con tesón y voluntad.

 

Cuando parece más cerca

es cuando se aleja más.

Yo tengo tantos hermanos,

que no los puedo contar.

 

Y así seguimos andando

curtidos de soledad,

nos perdemos por el mundo,

nos volvemos a encontrar.

 

Y así nos reconocemos

por el lejano mirar,

por las coplas que mordemos,

semillas de inmensidad.

 

Y así seguimos andando

curtidos de soledad,

y en nosotros nuestros muertos

pa’ que naide quede atrás.**

 

Yo tengo tantos hermanos,

que no los puedo contar,

y una novia muy hermosa***

que se llama libertad.

 

Mercedes Sosa… Los Hermanos.

 

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