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Los simbolismos de la pelea de Félix y Ricalde | Sacerdotisas Mayas

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Dejaron quemar los frijoles en la olla las Sacerdotisas Mayas por estar pendientes de la “catarata de memes” que se multiplicaron tras la penosa pelea que estelarizaron el secretario de Desarrollo Social, Julián Ricalde (ex presidente municipal de Benito Juárez) y el senador Félix González Canto, ex gobernador, en el marco de los festejos por el 43 aniversario de la creación como estado de Quintana Roo. Las adoradoras de Arjona se centraron más en las simbologías de los hechos que desencadenaron la disputa a puño limpio que en la narrativa.

Primero: El Origen del pleito callejero

Ricalde lanza un mensaje por vía Twitter con un fragmento de la canción, La Fiesta, de Joan Manuel Serrat, “Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano…”; la jiribilla viene con la foto en la que se saludan González Canto y el actual gobernador, Carlos Joaquín González.

De acuerdo a varios estudios hechos a la canción, fue compuesta a finales de los 60 para describir la oscura época del Franquismo en España y para hablar de las abruptas diferencias sociales. Y toma como inspiración la fiesta de San Juan Bautista para hablar de esa sociedad tradicionalista, oprimida y desigual. La versión original fue autocensurada, por ejemplo, donde habla de las banderas de papel verdes, rojas y amarillas, que hacían alusión, según las propias palabras de Serrat, a la 2ª República Española, que aniquiló el franquismo, la original decía lilas, rojas y amarillas. Sin embargo, dice que en la fiesta es una reconciliación, de la que habló ayer el gobernador, “mostremos a todos que somos capaces de edificar, en la fraternidad y con el arma suprema de la razón, un Quintana Roo para todos”. Serrat en ese aspecto escribió: “Por una noche se olvidó que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”. Algo que se le olvidó a Ricalde que poco ha hecho desde la Secretaría a su cargo para acabar con las desigualdades que presenta todavía el Estado.

La bofetada

Foto tomada segundos después de la agresión, en la que se ve a Félix González Canto desencajado y un Julián Ricalde que se inclina seguramente a levantar algo tras la pelea que se desarrolló en un desayuno privado.

El “Sena”, como se refieren a González Canto en el círculo de discípulos que tiene, seguramente pensó bien lo que iba a hacer, pero no pensó qué estaba haciendo y eligió la bofetada como respuesta a la agresión mediática de Ricalde.

Después de hacerle sentir quién es, le propinó una mano abierta en el rostro, que no se trata de cualquier agresión: significa desprecio. Es como los padres de antes educaban a los hijos; es un tipo de violencia con otra simbología. Los caballeros solían darse una bofetada con un guante blanco para iniciar un duelo de pistolas; en la mafia italiana, tanto el beso como la cachetada, tenían una simbología de clara confrontación extrema.

La respuesta y de dónde viene cada quien

Julián Ricalde fue jugador de básquet de “Caguameros” en su Isla Mujeres natal. Allí aprendió lo que se aprende en el barrio: a recibir y dar golpes, además de aprender un deporte. Lógicamente, a ese muchacho de barrio que todavía habita detrás del título de abogado, no se le pega sin pensar que uno va a salir sin recibir. Cruzó al “sena” dos veces con puño cerrado, según las versiones; que ya perdido de ira buscó una silla para acabar el pleito. Es decir, González Canto desencajado y fuera de sus cabales en la escalada de violencia a tope. Además de crecer a una familia acaudalada en Cozumel, el ex gobernador tuvo casi 12 años de mandamás, durante sus seis años de gobierno y otros cinco y medio de Borge Angulo, a quien puso a desgobernar Quintana Roo. Fueron años en los que vivió entre algodones, en los que nadie osaba hacer un comentario negativo.

Arruinar La Fiesta

En ese clima de amplia libertad de expresión que vive en estado, Ricalde desvarió al ofender al que será siempre un invitado a todas las fiestas del Estado, sencillamente, porque fue gobernador y porque su actual jefe saludó de mano al senador, como lo había hecho anteriormente (foto incluida). Este bajo espectáculo literalmente arruinó una fiesta muy importante, y dejó aplastado sin dudas el mejor discurso que ha pronunciado Joaquín González. Algo imperdonable para un secretario de estado que hasta podría dejar su puesto por su ciber-verborrea.

Disculpa

Aunque sólo González Canto ofreció una disculpa a los quintanarroenses por Twitter, y Ricalde sólo borró el mensaje de su cuenta, para las Sacerdotisas Mayas no hay ganadores en una bochornosa pelea de cantina que empanó un festejo tan alto como lo es el aniversario de la Creación del Estado. Basta poner las palabras de los contrincantes para detectar que hay más de 8 páginas en el buscador de Google que hablan del incidente, y pocas de lo verdaderamente importante que se recordó ayer.

Lejos están ambos políticos de la discusión de ideas, de propuestas que marquen la diferencia para lograr el ascenso y no el descenso a las más arcaicas formas de agredir al otro.

La política no es eso, es el arte de hacer lo posible por mejorar. Y el daño que dejó Borge Angulo –como el de Franco en España que supo describir Serrat en La Fiesta– está visto- no es sólo financiero, es la herencia de asociar la política con la violencia.

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