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Histórica entrevista a Lydia Cacho en 2007 | Cómo fue la detención, el traslado y la tortura de la periodista que conmocionó al país

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Momento en el que Lydia Cacho recibe la disculpa pública del gobierno mexicano.

 

Por Luciano Núñez

 

 

 

Adenda:

En el mes de abril de 2007 logré entrevistar a la periodista Lydia Cacho. Todavía se percibía en su rostro el dolor de quien ha sufrido ese tipo de violencia que deja hondas heridas: había publicado el libro Los Demonios del Edén, por demás polémico, que revelaba pederastia y corrupción en los más altos niveles. Fue detenida en Quintana Roo por órdenes del entonces gobernador de Puebla, Mario Marín, el “Gober Precioso”, como lo llamó el victimario Kamel Nacif, empresario textilero que orquestó la agresión. A pocos días de la disculpa pública que le ofreció el gobierno mexicano después de 14 años, volver a publicar esta entrevista me parece tiene un valor histórico. Yo había llegado hacía poco más de un año a Quintana Roo y tenía mucho que aprender de este Estado, donde también he recibido amenazas por el plagio de mi libro El Beso de Judas. Les dejo aquel texto donde Cacho narra con sumo detalle los días que marcaron su vida como persona y periodista; pero además, contó detalles íntimos que valen la pena para conocer a esta luchadora.

Cancún, Quintana Roo. 7 de abril de 2007. La entrevista estaba pautada para ser realizada en la casa de Lydia Cacho. Pero no fue posible, porque a último momento, explica, no tiene “comodidades” en su hogar. La mujer que desafía al poder, confiesa que no tiene un mueble después del huracán Wilma, sólo montones de libros acomodados en bolsas. Por eso eligió charlar en su oficina. Allí entra como un vendaval a media mañana. Saluda con cortesía y se dirige rápidamente donde está el teléfono para indicar dónde olvidó su celular. Es clara y minuciosa para detallar dónde lo dejó. Es que es periodista y escritora y conoce bien el alcance de las palabras justas. Será por eso que su novela “Los Demonios del Edén”, fue para algunos empresarios lo que Wilma para Cancún. En una entrevista exclusiva hablará de su pasado y entrega una versión de sí misma con ambiente de café, de entrecasa, aunque todo acontece en la oficina.

-¿Cuáles fueron sus lecturas?

-Creo que se han ido transformando. Cuando era niña mi libro favorito era El Principito, me obsesionaba, y de pronto en la adolescencia me entró la pasión por García Márquez, además y en la escuela leí los clásicos.

-¿Dónde estudió?

-Yo nací en el DF y estudié en el Colegio Madrid, en una escuela de españoles y era súper liberal comparado con los demás.

– ¿Quién fue fundamental para su vida cuando niña?

-Mis abuelos maternos. Mi abuelo era portugués y mi abuela francesa, y él era un guerrillero que se pasó varias veces en la cárcel y por estar en asuntos que ahora les llamamos de Derechos Humanos. Fue un personaje fundamental en mi vida. Me marcaron de niña todas sus historias de injusticias, del racismo, de la guerra de la intolerancia. A pesar que era un campesino, porque no era un hombre culto ni muy ilustrado, pero con una inteligencia emocional importantísima.

 -¿Sus padres?

-Mi mamá era francesa y se casó con un mexicano, cuyos orígenes son poblanos (“A propósito, este caso me vuelve a mis orígenes”, acota). Mi padre es un ingeniero educado en la escuela militar, quien se casó con una feminista francesa bastante liberal, y muy dedicada al trabajo en las calles. De los recuerdos de niña, muy marcados, está el de los cinturones de pobreza de México, que ahora son colonias y que antes se llamaban Ciudades Perdidas. Yo crecí en una colonia de clase media, y mi mamá nos llevaba (porque éramos tres mujeres y tres varones) a las ciudades perdidas –porque era psicóloga- y trabajaba con las mujeres, mientras yo jugaba con los chavitos. En uno de estos encuentros, había dos niños de la calle, de 10 años, y uno enfermo con un tumor. Ellos la saludaban y le decían la “doctora loca”, y se los llevó a la casa en el coche y uno le decía al otro: “¿Nos estarán secuestrando?” pero los llevó al médico para lograr que lo operaran.

Recetas de la abuela

Foto de Marco Alar.

Frente a dos velas que flamean agonizantes en un mismo vaso, Cacho (que estuvo casada 13 años) agita las manos como si discutiera acaloradamente con una vecina, pero no; sencillamente explica que cocinar es de sus actividades preferidas dentro de su casa. Preferentemente la comida francesa y, sobre todo, las recetas de su abuela que quedaron grabadas en su memoria.

-¿Qué es lo que mejor le sale?

-Camarones a la María Rosa, (porque así se llamaba su abuela) que son camarones gigantes con brandy y se preparan en una cama de arroz. También con un poco de oporto.

-Hablado de gustos, ¿qué la hace decidirse por el periodismo?

– Desde muy chavita en la escuela siempre participaba en lo que tuviera que ver en los periódicos murales, y después descubrí, a los 12 años, que tenía la habilidad para escuchar y escribir lo que me contaban; y además, lo evidencié en mi adolescencia. Yo le decía a la maestra de literatura que quería ser escritora, y ella me decía que periodista y me rehusaba. Pero finalmente cuando llegué a Cancún –a los 22 años, en ese entonces tenía 43- busqué en un periódico la posibilidad de escribir, por esos años funcionaba una galería de arte y ofrecí hacer un poco de periodismo cultural, me dijeron que sí, pero gratis. Empecé a hacerlo y luego a pasé a otros periódicos y trabajé en una revista.

-¿Y se mantiene económicamente del periodismo?

-En parte, porque ahora doy muchas conferencias, y en los últimos años he logrado cobrarlas. Estoy publicando constantemente en revistas de México, pero los periódicos de Quintana Roo, nunca me han dado de comer, sí colaboré una revista que me dio de comer, Cancunísimo.

Mujeres abusadas

Discretamente maquillada, pantalón negro y blusa de lycra blanca, Cacho mantiene la mirada siempre en guardia, incisiva, con la misma agudeza con que vio en el juzgado a Kamel Nasif y a “Juanito”. Así, aclara que no es una hermanita de la caridad, ni pretende serlo, “no hacemos el trabajo con las mujeres abusadas para ir al cielo, sino porque creemos que hay una responsabilidad social, y yo hago lo que me toque y para lo que tengo habilidades”, dice sin titubeos.

-¿Cómo crea el CIAM (Centro Integral de Atención a las Mujeres)?

-Primero que no lo hice yo, sino un grupo de mujeres. Hace poco más de 12 años creamos lo que se llamaba Estas Mujeres junto algunas amigas con las que descubrimos que había serios problemas de inequidad y de violencia. Lo que hacíamos era hablar de los derechos, darles charlas, y en todo resultaba que la violencia era un tema puntual. Y trabajamos con las mujeres de Chiapas, para ayudarlas a recuperarse. Así la gente empezó a buscarnos y yo entrevistaba mucha a las jóvenes y la gente decía: “Ya denunciamos, ahora qué hacemos. Vimos que teníamos que crear una institución que atendiera a las mujeres”, y así es como empezamos como una asociación civil, y hace 6 años comenzamos a rescatar mujeres, desde hace 3 construimos el refugio con atención especializada y tenemos dos instalaciones, el centro de atención externa donde se atiende a víctimas de violencia sexual, y la intra familiar. Y un refugio de alta seguridad.

– De todas las historias, ¿cuál le impactó más?

-Las más fuertes son las de rescate: mujeres que han modificado radicalmente su vida. Entre ellas recuerdo la de una de una mujer que ayudamos a salir de aquí, porque se trataba de un narcotraficante muy poderoso. La vi hace poco y el cambio en ella es extraordinario, está súper bien, y eso tiene que ver también con la decisión de las personas. Eso sobre todo es importante para el equipo en general. Y de las más dolorosas, la de una chava que trabajaba en un periódico que estuvo en el refugio, decidió salir, tenía hijos adolescentes, fue a su casa, el juez no nos ayudó, no quiso sacar al malevo de la casa, al final ella volvió porque no tenía otra opción y una semana después acabó suicidándose. La mano del juez fue parte de eso, de un “asesinato” involuntario.

– Un ambiente de mucho dolor ¿Cómo se lleva con lo religioso? ¿Eres creyente?

-No. Con lo religioso me llevo fatal, en mi casa crecimos con la libertad de decidir en qué creíamos. Tengo más de 20 años en la meditación y yoga, pero no me sumo a ningún dogma, pero tengo mucha claridad, una vida interior muy plena y una relación con la naturaleza y con el universo, pero no entro en el dogma.

– Hay quienes dicen que en un comienzo fue “oficialista”.

-Es una fantasía de algunos colegas reporteros, jamás he escrito absolutamente nada “oficialista”, ni para un periódico del estado. Puedo decir que mi carrera periodística más seria la he desarrollado fuera de Cancún. Porque me especialicé desde hace 15 años en suplementos feministas, pero siempre más enfocados a los Derechos Humanos. He publicado mucha más fuera que aquí. ¿Oficialista?, no tengo ni idea.

– Su momento más feliz del día…

– Hay muchos, depende…por ejemplo cuando una mujer que lleva dos años fuera de aquí y nos platica que está feliz, que la vez renovada, que reconstruyó su vida, me gusta ver a la gente feliz, lo que pasas es que la felicidad es un derecho muy maltratado en esta sociedad. Otro, cuando estoy agotada y me tomo una cervecita con mis cuates.

-¿Cuál es el círculo de contención en estos momentos?

-Mi familia y mi pareja que es periodista, hace dos años que estoy con él y es súper solidario, está en las buenas y las malas, y digo que ya pasó la prueba, porque dicen que a los hombres los conoces en la cárcel y en la cama, y ya lo conocí en las dos situaciones. Además tengo una red de amigos en México muy importantes.

Cómo fue el “secuestro legal”

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Foto: La Jornada.

Ya detenida y al interior del auto en que fue trasladada a Puebla, comenzó a gritar acaloradamente sus derechos; uno de los hombres que la custodiaba, desesperado, la encañonó en la sien y le dijo: “Cállate cabrona”. La escritora y periodista Lydia Cacho que estaba privada de la libertad, acató la orden y enmudeció. No siempre la pluma puede más que la palabra. Pero aclara que no fue lo peor de su calvario para llegar a Puebla y lo repasa, unas veces, con un visible nudo en la garganta aunque nunca con lágrimas; y otras, con rabia, con coraje.

Al comienzo recuerda que su detención fue aparatosa, con muchos vehículos, muchas armas, autoridades que ahora niegan lo que pasó, “pero tenemos los videos para probarlo”, asegura desde la silla de su oficina en el centro de la ciudad. Tras la aprehensión fue llevada a la Procuraduría y, según sus cálculos, no pasó más de media hora hasta que salió; por lo cual calcula que todo fue expedido y por demás extraño. “Pero en verdad me quedé más tranquila cuando me llevaron a la Procuraduría porque pensé: “al menos es legal, o parece legal al menos”.

Como si su cuerpo se tensara con cada escena que recupera de ese episodio, dice que todo ocurrió como una cámara rápida: “No me permitieron hacer llamadas, no me dejaron ver mi orden de aprehensión, porque sólo me comentaron que era por difamación, y una vez que entró una de las abogadas que participa en el CIAM, dijo que no se había firmado el convenio de colaboración. Entonces me advirtió que se lo diga al procurador. Fue fuerte, y me puse muy nerviosa, porque alguien dijo: “No dejes que se la lleven que la van a matar”, y la verdad es que estaba muy asustada”.

Más de 20 horas de traslado

Por pedido de las autoridades, Cacho sería trasladada en auto a Puebla, en un viaje que tardaría poco más de 20 horas, durante los cuales sería, según afirma, maltratada psicológicamente porque revive: “Los tipos saben lo que están haciendo, pues están entrenados para maltratar gente, aprenden a gozarla, no tienen muchas opciones en la vida”. Pero minutos después de subir al coche, fue que empezó a hablarles de sus derechos a los gritos y argumentando. “Ahí (hace un alto y recuerda con claridad), uno de los custodios sacó una pistola y me la puso en la cabeza y me dijo: “cállate cabrona”, pues entonces me callé”.

Mientras el paisaje, por la velocidad del móvil, se rompía por la ventana, Cacho incrementaba sus temores. Recordaba que fue sacada a escondidas de los separos y que la primera parte del viaje fue bajo constantes amenazas de muerte. “Me preguntaban si sabía nadar en el mar porque iban a tirarme al agua”. Los que estaban junto a Cacho eran dos hombres de la justicia, pero en otra camioneta iban de refuerzo y armados, otros tres. Pero la única vez que tuvo contacto con todos, fue en un restaurante donde se bajaron a comer. Pudo alimentarse con libertad, porque en un comienzo le prometieron que “si se portaba bien”, no le podrían las esposas. De hecho no lo hicieron.

“Comí sólo un pedazo de pollo de esos del trailers. Además porque salía de una bronquitis y le suplicaba que me compren los medicamentos, que yo les iba a devolver el dinero. Pero no hubo caso, aunque creo fue bueno comer algo porque de otra manera no hubiera aguantado para el día siguiente”.

Llegó a la Procuraduría de Justicia de Puebla. Ahí, denuncia que la bajaron y la maltrataron. “Me metieron a un calabozo con un colchón con manchas de sangre y orines; además amenazaron golpearme”. Entonces fue cuando irrumpió una senadora del PRI, la presidenta de la Comisión de Género del Senado de la República y pidió que la sacaran. No estuvo más de 20 minutos en prisión. Pero lo más llamativo para ella fue que los mismos judiciales, estaban asustados y preguntaban: “Porqué la están maltratando”.

 Sobre las grabaciones y la sociedad mexicana

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Foto: diariobasta.com

-Qué te pasó cuando escuchaste las grabaciones de Mario Marín y Kamel Nasif?

-Salieron el 14 de Febrero, pero me llamaron un día antes y me las mandaron. Yo estaba recibiendo un reconocimiento de Venezuela y me mandaron un sobre que no vi hasta que terminó el evento. Pusimos el CD y fue fuerte, pero una sensación doble, porque era jodido escucharlos hablar de mí de esa manera; pero por otro lado, me sentía aliviada porque de pronto era la comprobación de todo lo que yo decía, no era una loca hablando al viento. Dije: “ahí está, esto es lo que he estado diciendo”.

-¿Cómo ve la sociedad mexicana dentro de este panorama?

-Creo que lo que le pasa a México es lo que les pasa a la mayoría de los países del mundo: nos estamos civilizando, y estamos descubriendo las cosas más oscuras que estaban detrás de la puerta. No es que haya más violencia familiar, de hecho hay menos de antes, lo que pasa es que ahora se castiga, se hace evidente, está saliendo y la estamos conociendo.

-La lucha es contra la impunidad

-Creo que todo esto que está saliendo a la luz, lo que está cambiando son las dinámicas de cómo estos negocios en el mundo sientan sus redes: donde hay mayor impunidad y corrupción, México es ideal, y Quintana Roo es estupendo para eso. Porque primero hay que explicar lo que es Cancún y lo hago en el libro, acá hay espacios de cotos de poder, la corrupción de los servidores públicos es la regla, incluso con una buena parte del periodismo, eso no lo podemos negar. De hecho hay un “club” que tiene mucho poder y son unos cuántos, y quienes no hemos entrado en esa dinámica, hemos sido descalificados, pero me tiene sin pendiente eso como los políticos corruptos. Me interesa que me califiquen las personas que me conocen. Hay que entender que Quintana Roo es muy diferente a los demás estados mexicanos, sería una caja de petri (donde se funden los elementos de química), y eso me parece interesante, tenemos un muestrario de toda la geografía nacional con sus mejores muestras y sus peores. La corrupción y la impunidad es un problema nacional. Es que cuando abres las fronteras, se globaliza todo, tanto la pornografía y la corrupción como la esperanza.

 

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