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El historiador Aguilar Camín desmenuza la gestión de López Obrador a menos de 100 días de haber iniciado su mandato

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Cancún, Quintana Roo.- El chetumaleño más destacado, el historiador Héctor Aguilar Camín, ha sido uno de los críticos más reacios de Andrés Manuel López Obrador, mucho antes de que este llegara a ser presidente de México. Aguilar Camín es uno de los intelectuales más duros con la gestión de López Obrador. El diario Reforma lo entrevistó y el Doctor reconoció logros de está administración que empieza pero también muchos erros.

Habla de su libro más reciente, Nocturno de la Democracia Mexicana: “El libro es una reflexión histórica que llega hasta después de la elección de López Obrador. Es una reflexión histórica que empieza en el siglo XIX con el país independiente y termina con la elección del 2018. ¿Qué es lo que está marcando la historia profunda de la cultura política de México de esos dos siglos? Pues como la necesidad colectiva de un gobernante grande, de un caudillo como Santa Ana, de un Presidente como Juárez, en medio de guerras civiles (…), Porfirio Díaz que estuvo 30. Luego de la Revolución, en los años 20, ya se establece la centralización del poder. Viene la época de los Presidentes, a partir de Cárdenas, poderosos, de los Presidentes hegemónicos y esa era termina en la transición a la democracia. De manera que, de 200 años de historia, México tiene en realidad solamente unos 20 años de vida democrática. Esa es la historia”.

Y explica los tiempos contemporáneos: “Y después de 18 años de gobiernos débiles, democráticos pero ineficaces. En la elección del 2018 es como si la sociedad volviera a la necesidad del Presidente grande y elige a López Obrador para que sea ese personaje providencial, ese personaje caudillesco, ese personaje que es capaz de resolver nuestros problemas. Vamos directo a una nueva era de un Presidente fuerte con un poder enorme, sin contrapesos, sin autocontención que, además, en mi opinión, tiene un proyecto de gobierno completamente equivocado en dos cuestiones: no tiene una respuesta para los retos de la modernidad, no le preocupan ni el mundo exterior ni el cambio tecnológico y no tiene una respuesta para el crecimiento económico de México. Ni una propuesta. Tiene un proyecto de redistribución del presupuesto”.

Para el historiador no hay un combate a la corrupción: “Yo el combate a la corrupción no lo he visto todavía en ninguna parte; no veo ninguna política especialmente orientada a contener o a castigar la corrupción. Al revés. Lo que yo veo es un perdón del Presidente a la corrupción acumulada”.

También explica qué es pa él el problema del Huachicol: “Yo creo que la guerra contra el huachicol es una salida del Presidente para explicar un problema anterior que es el desabasto de la gasolina. Y el desabasto de la gasolina es la consecuencia de su propia política de apoderarse de la burocracia federal con sus seguidores, con sus partidarios, tengan o no tengan la calificación para el puesto. Los funcionarios sustitutos en Pemex obviamente no supieron cómo manejar el problema cíclico que se presentaba, que se presenta cada año en Pemex del crecimiento del consumo de la gasolina, un crecimiento exponencial del consumo de gasolina en diciembre. Tomaron las decisiones equivocadas y tuvieron el primer inicio de gobierno que yo recuerde con desabasto de gasolina. No recuerdo que haya existido en este País un desabasto de gasolina como el provocado por las decisiones de los nuevos funcionarios de Pemex”.

Y agrega: “Después él dice que por la guerra al huachicol va a cerrar los ductos y que por eso es la escasez, pero la escasez es muy anterior (…). Lo que yo veo de agosto, que termina este libro, que termina con una frase que México está en ‘modo sueño’, en sentido que cree en el Presidente, ya le hacía falta. Le falta despertar…”

Para el historiador la oposición es ineficaz: “Aquí lo que puede suceder, y él lo deja sentir muy claramente, es que el avance como se está haciendo (va) muy rápidamente, de manera que cuando haya una reacción de la sociedad y de los contrapesos, el poder consolidado sea tan grande que sea muy difícil echarlo atrás”.

 

 

¿De dónde saldrá el dinero?

También desmenuza el sistema clientelar de Amlo: “Hay una parte que falla por completo en su ecuación. Es que eso no puede lograrse si no es en medio de una prosperidad económica, porque es sólo el crecimiento económico el que le puede dar a él recursos para las otras cosas que quiere hacer, que es levantar esas gigantescas clientelas del presupuesto, que se está proponiendo. ¿De qué tamaño es el proyecto de las clientelas? Te voy a dar una exclusiva, pero quiero que la des como te la voy a dar yo, porque vamos a publicar aquí en la revista (Nexos) un ensayo de María Amparo Casar que se dio a la tarea de medir conservadoramente cuando se terminen de implantar estos programas de reparto de dinero, cuántos beneficiarios va a haber: 23 millones. 23 millones de nuevos clientes, subsidiados del Estado. Entonces es una creación de un clientelismo de nuevo tipo, cuyo talón de Aquiles ha sido en los gobiernos de izquierda latinoamericanos, que es posible iniciar esos gastos, pero es imposible sostenerlos. Y estos nuevos clientes son: los jóvenes, discapacitados, los ninis, las tandas, adultos mayores, precios de garantía, salarios, duplicación del salario mínimo”.

Y abunda en su exposición: “Es todo esto que quiere sacar del presupuesto, quitándoselo a los órganos autónomos, a los gobiernos estatales, al propio gobierno federal, lo que ha recortado de prestaciones, de salarios y, sin embargo, aun en ese ajuste draconiano que ha hecho del presupuesto, ya lo soñaría un gobierno neoliberal, es evidente que tu no puedes producir continuamente esa cantidad de recursos adicionales para las clientelas sociales si no tienes una economía próspera. Porque solo una economía próspera te puede dar una hacienda, un estado fiscalmente sano”.

El también escritor, autor de la famosa novela La Guerra de Galio, explica que este sistema clientelar se convierte en clientelismo político en automático: “No lo sé (…) Lo que te digo: con los nuevos, con esa estructura va a ir de control de los estados, de la expansión de Morena, de la expansión de las clientelas, va a ir a las elecciones intermedias y a las elecciones del ’24. Ese es el proyecto que yo veo, es el único que veo”.

 

¿Predicador o pragmático?

Estos dos adjetivos son los que aparecen en el libro de Aguilar Camín y que intentan describir la figura de López Obrador: “Yo pensaba que entre más votos obtuviera iba a ser, iba a estar más cerca de su proyecto máximo, el proyecto del predicador y, entre menos votos obtuviera, iba a estar más cerca del pragmático. Creo que está camino a… está siendo un Presidente de proyecto máximo, el proyecto máximo del predicador. Creo que está más predicador que nunca, tanto en su discurso como en la ambición de su gobierno, de las realizaciones, de las ideas que él tiene como fundamentales para su gobierno”.

El historiador hace hincapié en que Amlo es “un Presidente enorme y un gobierno pequeño” y agrega: “Le concedo un instinto político extraordinario, una claridad para leer y tocar las emociones de los mexicanos y una voluntad política indomeñable. Eso es algo que no habíamos visto a un Presidente así. Mira, los políticos mexicanos normalmente son del tamaño de su puesto. Cuando pierden el puesto pierden el poder. López Obrador es un político de intemperie, no es un político de gabinete ni de escalafón. Es un político de intemperie, es un político que está parado en el poder de su carisma. Se burlan mucho de cómo habla y yo creo que habla extraordinariamente bien, tiene una manera de tocar a la gente, de atraerla”.

Para Aguilar Camín es importante no dejar pasar la división que se ha ido gestando en la sociedad: “Hay otra cosa aquí importante que no quiero dejar pasar. Hay, me parece a mí, que entre las cosas que López Obrador amenaza o ha destruido, hay el tema de la confianza, el tema de la polarización de la confianza y de la desconfianza. Me parece que hay que prestarle atención, ojalá y el Gobierno le preste atención, baje un poco el tono de su pleito, de su polarización con lo que no lo apoya. Me parece que el discurso del Presidente López Obrador, con toda su eficacia, es un discurso muy polarizante. Hay un abuso de poder, y lo mismo sobre los ex Presidentes, sobre los ex funcionarios. Hay un tono muy amenazante que lógicamente se ha vuelto miedo, se ha vuelto temor y está empezando a volverse decisiones en mucha gente de ponerse a resguardo”.

(Con información de Reforma)