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Cine | La crisis y el poder femenino que orilla a las raíces y al encuentro

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Fue exhibida en Cancún la película Arañitas Tejedoras de la realizadora argentina Mariel Bomczuk.

 Por Luciano Núñez

El esfuerzo físico de las mujeres, su lucha existencial, la meticulosa tarea de imprimir colores, enlazarlos y tejerlos, eso y mucho más muestra el documental Arañitas Hilanderas, de la realizadora argentina Mariel Bomczuk, que fue exhibido en un ciclo de cine que coordina el realizador audiovisual Héctor Aguilar en la Casa de la Cultura de Cancún.

La realizadora argentina Mariel Bomczuk y el coordinador del ciclo de cine en la Casa de la Cultura en Cancún, Héctor Aguilar, también director y productor de cine.

Pensado como registro directo de las historias de una veintena de mujeres del norte argentino, el largometraje va hilvanando el micromundo de un grupo humano que decidió apelar a sus raíces para hacer frente a una crisis profunda que se sobrevino en Argentina en el año 2001.

Con el bisturí de las preguntas y la cámara, la realizadora fue diseccionando esa lucha que tiene que ver con lo profundo del ser humano, que ante un momento de naufragio apela a sus aguas nacientes; a lo que ellas han heredado en el amor por los tejidos de una zona montañosa y bella como lo es la provincia de Catamarca, Argentina.

Reflexión de la contemplación

Para la estética de las vertiginosas imágenes que nos invaden cotidianamente, pueda resultar un filme de tránsito lento, propio del norte con esas pausas que también habitan en el paisaje.

En la búsqueda de esa impronta la cámara se queda unos segundos después de que las mujeres hablan, como indagando esas reacciones espontáneas que los rostros revelan al verse expuestos en lo más íntimo.

El filósofo Byung-Chul Han escribe en la Sociedad de la Transparencia que en esta aceleración moderna, lo que perdemos es la capacidad de contemplar, indispensable para la reflexión y para acceder al placer del encuentro con la esencia de lo otro y lo propio: las historias, los seres humanos, la música; y en ese acceso a la reposado, están los trasfondos de esas vidas tocadas por la crisis, el heroísmo para salir adelante en un pequeño pueblo de calles de tierra y mascotas aburridas.

El registro fílmico nos deja frente a un trabajo intenso que exhibe el gran poder femenino, no el feminismo mal entendido en el que la mujer pierde esa belleza de lo delicado, sino la valentía de sobreponerse y salir adelante con gran vigor. “Que Dios bendiga tus manos”, dice una de las mujeres que le agradecieron. Unidas por la geografía de coloridos cerros y el dolor del desamparo, estas mujeres se convierten en socias, familia y camaradas, lideradas por Doña Rosa que cuenta lo duro que es juntar leña para teñir, y por otro lado, el detalle que ponen para impregnar los colores en la lana que es materia prima de sus productos. El tejido es acaso la metáfora más bella de la mujer que espera: un hijo, por ejemplo.

Emoción

Un nutrido grupo de cinéfilos acudió a dialogar con la directora, quien se mostró sumamente emocionada por encontrar en estas historias la propia lucha y el compromiso de divulgar el éxito de quienes tejen en un valle que podría ser cualquiera del planeta, donde haya mujeres emprendedoras que tengan en el corazón, una parcela de valentía para ofrecer al mundo.

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(*) Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social, con postgrado en Opinión Pública por FLACSO y diplomados en La Salle Cancún.

Trabajó en El Siglo de Tucumán, Argentina; agencia EFE México, Luces del Siglo y Periódico Quequi. Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.

Co-Fundador de Revista Dos Puntos y director general de Grupo Pirámide.

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